(Acerca de la nostalgia sexual)
“En cierta ocasión, cuando era más joven y bella…”
El maestro dramaturgo ruso Antón Chéjov inicia así uno de sus famosos cuentos: “La Corista”. Yo agrego: “En cierta ocasión, cuando era más joven y bello…” Y le pido encarecidamente al estimado lector que valga el símil ya que estoy por contarle el por qué de mi imposibilidad de amar a cualquier mujer: Valeria, la juguetona rubia del 6-c, me arañó la cara cuando intenté explicarle; Ana, en cambio, reaccionó pacíficamente pero me dejó claro a dónde podía largarme y créame señor lector que no es mi intención ser grosero en este relato. Por otra parte la pequeña Sofía, que parecía una tierna y empantanada gata salida de una novela de Capote, mostró el filo de sus garras y me lanzó seis platos y dos pocillos que hábilmente logré esquivar porque en efecto se me dan bien las artes marciales ya que fui criado por la filmografía de Jean-Claude Van Damme y la trilogía de los Kung Fu Kids. De nuevo, por favor, valga el símil.
No me apetece hablar de mis ocasos sentimentales ni de mis virtudes sexuales (Que por cierto son material propio para una trilogía de novelas), mi interés acá es netamente fraternal y solidario, quiero compartir con ustedes mis más profundos dilemas emocionales y lograr así desatar este nudo de impotencia (Metafóricamente hablando, por supuesto) que me aqueja en esta vigilia crepuscular.
Resurjo entonces: En cierta ocasión, cuando era más joven y bello, me topé con la delirante sorpresa de encontrar una cinta de cine rojo. A mi truculenta mente de pervertido de siete años se le pasó por la cabeza que se trataba de cine soviético. Los nombres de Dziga Vertov, Vsévolod Pudovkin, Lev Kulechov y el mismo Sergei Eisenstein iluminaron mi mente con la brusquedad propia del gen ruso. Y no era para menos. La cubierta de la película estaba llena de un fulguroso rojo sangre que palpitaba amparado por una tradición bélica insufrible. Y hacía frío. Había un incierto aire similar al invierno pero estábamos en un barrio marginal de la Bogotá de los noventas. Afuera llovían bombas y granizo. Pero en mi refugio se respiraba el desértico y gélido aire de las vacaciones decembrinas. Era una Beta de esas que ya no se ven y estaba escondida en las mangas de una vieja chaqueta de cuero propia de la década anterior y que estaba en desuso.
La sorpresa fue inmediata. Toda la teoría del formalismo ruso confluía en una impactante y excitante cinta porno del 84’. El glorioso ‘Kino-Pravda’ o el ‘Montaje de Atracciones’ estaban al servicio del análisis. Y era eso. Ginger Lynn, Tracy Lords y Harry Reems, juntos en esta obra maestra del cine rojo del siglo XX.
Las cosas cambian con el tiempo. Y lo hacen a un ritmo vertiginoso. Lo mismo pasa con los coños. Hoy por hoy la disonante ‘Shaved Pussy’ atesta la pornografía mundial y se cuela entre lo más apetecido por la mancebía actual. Aunque no siempre fue así. Para mi gusto, la vagina más hermosa del planeta la tiene la célebre protagonista del filme: la rubia oriunda de Rockford, Illinois: Ginger Lynn. Y no es para menos, Ginger tiene todo lo necesario: una belleza clásica, melena a punto, unos atrapantes ojos azul almendra y una mirada desestabilizadora. Un cuerpo de curvaturas milimétricas, tetas a medida y pezones tipo mapamundi. Además sabe gemir. El ruido es armonioso y resulta incluso placentero escucharla gritar lo que le gusta, cuánto le gusta y por donde le gusta.
Nacida en el 62’, entró en el negocio del cine para adultos en la década de los 80’s. Dejó su ciudad natal tras la muerte de su abuelo y se instaló probando suerte en California. A su bajada del bus en la ciudad de los excesos, se halló de repente sola, perdida y desorientada. Pero dos horas más tarde estaba en un motel, inhalando cocaína y cogiéndose a tres motociclistas. Comenzó su carrera haciendo desnudos en la famosa revista ‘Penthouse’ dónde pronto vislumbraría el futuro en las cintas porno. Su primer película ‘Surrender in Paradise’ data de 1984. Ginger cumplía sus primeros veintiún años de preocupada existencia y los había celebrado en las, paradójicamente, paradisíacas playas de Hawaii.
Ese mismo año fue la estrella de otros seis filmes entre los que se encuentra ‘Those Young Girls’ que se tradujo al castellano como: ‘Esas Chicas Jóvenes’. Filme, para mi gusto, de culto. Ginger comparte escenario con otra reina del cine rojo: Tracy Lords, que para entonces suscitó lo que sería una de los más grandes escándalos del celuloide erótico por haber actuado en varios filmes siendo ella menor de edad. Empero del asunto, la cinta es magistral: dos jóvenes y hermosas chicas se entregan a la búsqueda sexual de su identidad y se entregan la una a la otra. Luego de ser separadas por la moral de un estricto padre, las chicas continúan con sus vidas hasta re-encontrarse tres años después en la capital. Para ese entonces Tracy es una reconocida actriz porno y la pequeña Ginger recién llega a la ciudad en busca de nuevos horizontes (Un poco como en la vida real). Después del encuentro, Tracy promete a Ginger meterla en el negocio y le pone cita con un afamado productor que ve en Ginger un notable potencial. Tracy vive con su co-estrella de set: Harry Reems que de inmediato queda flechado por Ginger (¿Pero quien no?). Acto seguido, la hermosa rubia inicia su carrera con tan creciente y vertiginoso éxito que despierta pronto los celos de su amiga Tracy. Incluso Harry y el productor terminan prefiriendo el cariño y el coño de ‘Gi’. Sin embargo, ella sólo quiere la admiración y el amor de alguien: de Tracy. Finalmente, Ginger decide abandonar su nuevo mundo con la única idea de poder estar en paz con la persona que ama y se entrega definitivamente a ésta. Tracy comprende el valor de los esfuerzos de Ginger y se entregan mutuamente en una de las escenas más estimulantes de la historia del universo. La película termina con una treta que el par de amigas le juegan al bueno de Harry pero eso es relleno y ahí siempre ponía ‘pause’. (Lo siento Harry).
En la vida real, Ginger se hizo también de una creciente y abultada fama que la convirtió en una de las más grandes estrellas del cine para adultos de todos los tiempos. Siendo pionera en la penetración anal y la doble penetración, así como también en el ‘Talk Dirty’. Incluso la copiosa de Madonna tomó de Ginger el look que ésta pregonaba con peculiar estilo, en su tema: ‘Like a Virgin’. Y, sólo dos años más tarde (En 1986) Ginger Lynn abandonaría su carrera fílmica afincándose en la industria ya no como actriz sino como productora tras crear su propia línea de videos: ‘Vivid Entertainment’. Años después tendría un par de líos por evasión de impuestos y pasaría una temporada en la cárcel así como también en centros de rehabilitación por su consumo de drogas. Pese a ello, la implacable mujer de tiernos y fieros ojos azules saldría avante de sus problemas personales y de los problemas fuera de alcance. Y, tras superar un cáncer cervical, Ginger regresaría al cine con un par de filmes para adultos y algunas producciones de corte B.
Pero, regresando al tema central, aquella mágica cinta que vivió escondida en las chaquetas de mi padre, fue por largo tiempo mi película favorita. Incluso mis amadas ‘Bleu’ y ‘Rouge’ sucumbieron varias temporadas en la mediocridad del segundo y tercer puesto en mi top tres de amores fílmicos. Y no hubo quejas. Aquél coño de oro invadió todas mis tardes de soledad adolescente y sin darme cuenta y con creciente apego esa fulminante rubia se convirtió en mi idea de la perfección. Ella era mi amor imposible, mi ejercicio para las ansias. Las chicas de carne y hueso eran demasiado reales para mí. Sus chochos tenían olor y sabor y sudaban. Y pedían palabras y pedían taxis después de las sacudidas. Y me pedían amor o más polvos ó más polvos con amor. En cambio Ginger permanecía intacta y hermosa después de cada eyaculada. No pedía nada. Sólo se limitaba a ser ella tras la pantalla. Y estaba allí, esperando siempre a por mí, a cualquier hora, dispuesta a ser mi antro de desahogos. Mi amor perfecto, mi chica eterna.
Un tiempo después, con el ajetreo de alguna mudanza, la cinta se perdió entre cajas y chécheres. Encima la tecnología cambió groseramente y tuvimos que vender el Betamax. Ginger su fue pero en su lugar quedó la nostalgia y el recuerdo. Aquella chica joven había hecho algo con aquel chico joven. Y no era para menos. En mis sueños eróticos sueño que soy Ginger y me escondo en las gavetas de algún padre generoso. ¿Comprenden mi punto?
sábado
viernes
El implacable "Yo" que grita susurros
(Extracto del libro: “Mi amigo el cine” de Camilo Barba-Jacob)
La pólvora había roto mis tímpanos después de la tormenta. El cielo rugía potente entre luces y nubes torpes que no tenían ánimo de dormir una siesta. Como era habitual en mí, me encerré en las reflexiones de un filme con claros tintes de existencialismo clerical. Y lloré en mi silencio y reí en mi soledad. Mi alma por aquel entonces medía un metro con noventaisiete y estaba más robusto que raquítico. El aire de la ciudad se consumía con el paso de la noche y había esquirlas de melancolía en mis explosiones subterráneas. El fragor de un verde agrario se instalaba en mí con vertiginoso empuje y morí un par de veces antes de entender mis impulsos. No pude evitar haber nacido campestre, y de lejos, olvidar el aliento de las gallinas matutinas y el amparo de las vacas hijas. Soy simplemente un salvaje armado de ideas vagas porque hasta el carisma se pierde con los años. Mis únicos amigos aguardan por mí en estuches de cartón y plástico, sus vidas duran lo mismo que una película y son todo lo que necesito en esta noche de rara fiesta ambarina.
La pólvora había roto mis tímpanos después de la tormenta. El cielo rugía potente entre luces y nubes torpes que no tenían ánimo de dormir una siesta. Como era habitual en mí, me encerré en las reflexiones de un filme con claros tintes de existencialismo clerical. Y lloré en mi silencio y reí en mi soledad. Mi alma por aquel entonces medía un metro con noventaisiete y estaba más robusto que raquítico. El aire de la ciudad se consumía con el paso de la noche y había esquirlas de melancolía en mis explosiones subterráneas. El fragor de un verde agrario se instalaba en mí con vertiginoso empuje y morí un par de veces antes de entender mis impulsos. No pude evitar haber nacido campestre, y de lejos, olvidar el aliento de las gallinas matutinas y el amparo de las vacas hijas. Soy simplemente un salvaje armado de ideas vagas porque hasta el carisma se pierde con los años. Mis únicos amigos aguardan por mí en estuches de cartón y plástico, sus vidas duran lo mismo que una película y son todo lo que necesito en esta noche de rara fiesta ambarina.
miércoles
El Monstruo y Yo
(Acerca de la belleza)
Recorrió un espacio alterno a la morfología habitual del universo después de cepillarse los dientes con sarna y crema dental de un azul entrecortado y viscoso. Unas diminutas láminas blanqueadoras brillaban como polvo de cristales en la cima de una lengua marrón. La luz era apropiada y traicionera; un foco tungsteno de veintitrés watts, que curiosamente hacían juego con la edad que festejaba. A tientas podía sentir una serie de baldosines color aguamarina cuyo relieve demarcaba las formas de un cisne obeso o de una ballena en régimen de tunas. El suelo era húmedo y discreto, parecía un tapete persa sobrevolando el pacífico y de la oblonga cuna de suciedades emergía un halo mentolado que invadía el techo y le dejaba marcas inolvidables de eucalipto y hierbabuena. Ruidos entre esmeralda y nácar en el raso hueso de concreto. Y había un abucheo de emociones en algún desierto del hipotálamo: ‘Nada mágico en el llanto de un zancudo viciado a la mierda de retrete’- Pensó impotente. Sólo un cuento medieval de balneario podría calmar las torpes indagaciones de un ecléctico fantasma de verano. Salió imperturbable y escupió deseos llenos de rabia y lívido. Afuera hacía sol y la temperatura amenazaba ráfagas de fuego. Pero él permanecía impenetrable en unos ajustados y herméticos pantalones color rojo ardilla. Su aspecto era agradable pese a las hendiduras del tiempo. Tenía marcas más agudas en las mejillas y en la mente. Su pelo remembraba a un psicodélico grupo de los setentas pero bajo el flequillo se escondía una calvicie prematura. Más abajo había una raya en la piel que se hacía nítida con el fastidio del sol y bajo un escuálido y baldío pecho vivía radicada, desde hacía meses, una foránea y abultada barriga que no pagaba renta. El tiempo ruge- Pensó al instante. Sobre una planicie de ladrillo un espejo sucumbía atolondrado. Y duele- Repuso con tristeza. El año de sus veintitrés años había llegado con una opaca nube de imperfectos. Fallas de concepción en su factura que él daba por nimias un año atrás. Era demasiado enano y tenía huellas de angustia en el cuello y brazos. El acné había demolido la mitad de su piel facial y tenía la espalda chueca. No tenía hombros ni carisma. Sus pantorrillas eran demasiado delgadas y sus muslos demasiado flácidos. La boca era desproporcionada y las cejas no tenían un patrón lógico de conducta. Empezaba a perder visión, olfato y oído .Las coyunturas hacían ruidos estrepitosos al mínimo movimiento y los dientes perdían calcio sin tregua. Me fui a la mierda- Pensó afligido. Apagó la luz y se fue a la cama pensando en su ocaso social. No era bello ni tenía auto. Lloró un rato en silencio pero las lágrimas no eran ordenadas y hacían mucho ruido. Entonces dejo de llorar. Una neurona imprevistamente reclamó en un gélido pensamiento: ‘Parece que aún queda algo de corazón…’. Hubo un silencio y hubo un letargo amparado por parpadeos descoordinados. Sin embargo, algo todavía se movía en medio del pecho. Un leve e ininterrumpido bombeo de diáfanas respiraciones se sucedían en aquel cementerio. Eso si que es un defecto- Replicó. Y de repente, casi como una orden celestial, el monstruo cerró los ojos con fuerza y soñó que era el ser más hermoso del planeta. Por supuesto, en el sueño del monstruo no había espejos.
Recorrió un espacio alterno a la morfología habitual del universo después de cepillarse los dientes con sarna y crema dental de un azul entrecortado y viscoso. Unas diminutas láminas blanqueadoras brillaban como polvo de cristales en la cima de una lengua marrón. La luz era apropiada y traicionera; un foco tungsteno de veintitrés watts, que curiosamente hacían juego con la edad que festejaba. A tientas podía sentir una serie de baldosines color aguamarina cuyo relieve demarcaba las formas de un cisne obeso o de una ballena en régimen de tunas. El suelo era húmedo y discreto, parecía un tapete persa sobrevolando el pacífico y de la oblonga cuna de suciedades emergía un halo mentolado que invadía el techo y le dejaba marcas inolvidables de eucalipto y hierbabuena. Ruidos entre esmeralda y nácar en el raso hueso de concreto. Y había un abucheo de emociones en algún desierto del hipotálamo: ‘Nada mágico en el llanto de un zancudo viciado a la mierda de retrete’- Pensó impotente. Sólo un cuento medieval de balneario podría calmar las torpes indagaciones de un ecléctico fantasma de verano. Salió imperturbable y escupió deseos llenos de rabia y lívido. Afuera hacía sol y la temperatura amenazaba ráfagas de fuego. Pero él permanecía impenetrable en unos ajustados y herméticos pantalones color rojo ardilla. Su aspecto era agradable pese a las hendiduras del tiempo. Tenía marcas más agudas en las mejillas y en la mente. Su pelo remembraba a un psicodélico grupo de los setentas pero bajo el flequillo se escondía una calvicie prematura. Más abajo había una raya en la piel que se hacía nítida con el fastidio del sol y bajo un escuálido y baldío pecho vivía radicada, desde hacía meses, una foránea y abultada barriga que no pagaba renta. El tiempo ruge- Pensó al instante. Sobre una planicie de ladrillo un espejo sucumbía atolondrado. Y duele- Repuso con tristeza. El año de sus veintitrés años había llegado con una opaca nube de imperfectos. Fallas de concepción en su factura que él daba por nimias un año atrás. Era demasiado enano y tenía huellas de angustia en el cuello y brazos. El acné había demolido la mitad de su piel facial y tenía la espalda chueca. No tenía hombros ni carisma. Sus pantorrillas eran demasiado delgadas y sus muslos demasiado flácidos. La boca era desproporcionada y las cejas no tenían un patrón lógico de conducta. Empezaba a perder visión, olfato y oído .Las coyunturas hacían ruidos estrepitosos al mínimo movimiento y los dientes perdían calcio sin tregua. Me fui a la mierda- Pensó afligido. Apagó la luz y se fue a la cama pensando en su ocaso social. No era bello ni tenía auto. Lloró un rato en silencio pero las lágrimas no eran ordenadas y hacían mucho ruido. Entonces dejo de llorar. Una neurona imprevistamente reclamó en un gélido pensamiento: ‘Parece que aún queda algo de corazón…’. Hubo un silencio y hubo un letargo amparado por parpadeos descoordinados. Sin embargo, algo todavía se movía en medio del pecho. Un leve e ininterrumpido bombeo de diáfanas respiraciones se sucedían en aquel cementerio. Eso si que es un defecto- Replicó. Y de repente, casi como una orden celestial, el monstruo cerró los ojos con fuerza y soñó que era el ser más hermoso del planeta. Por supuesto, en el sueño del monstruo no había espejos.
domingo
Octubre Negro
(Sensación arrabalera)
Hay trastornos ocultos en nuestras mentes. Trastornos que se delatan por la oquedad intensa de una mirada. El disloque apenas vago de una retina llena de imágenes ardientes pegadas en las paredes del ojo como recortes de periódico en el vientre del más absorto de los asesinos en serie. Crónicas amarillas de sangre y dolor. Sangre roja y espesa, dolor altamente consumible por las adictas vísceras del insaciable humano. Punto. Y, aparte. Hay deseos cargados de veneno en nuestras mentes. Deseos que viajan vertiginosos, vía intravenosa, por el cuello hasta llegar al más recóndito y férvido espacio del cerebro; venenos de rabia, ira y afanes faltos de lucidez que dejan entre ver, como el picaporte voyerista de una puerta de madera, la ráfaga de salvajismos que en nuestro inconsciente duermen. Y llueve, y hay nieve y olor a nicotina mezclada con alcohol y algo de tango. Esta noche soy la materialización de la furia hilvanada por el denso ocaso de un suicidio vecinal que me hace sentir más vulnerable que siempre. La muerte me toca con las yemas de su guadaña en cada respiro, desde hace más o menos un longevo y desértico año. Rompo la hegemonía de lo justo castigando a diestra y siniestra los oídos inocentes de los gatos de mi alcoba. Les canto lo que no se merecen, lo que merezco yo y hay llanto y cólera y silencios mezclados con nicotina y alcohol y algo de tango. Existe energía simétricamente rota por la quietud del tiempo y entonces la ciencia, geológica en su título, las llamas rocas o piedras y sin coherencia en los agravios somos atacados por una energía furiosa que viaja en el viento hasta rompernos la calma y hay un clic en el estallar y en el estallar hay una respuesta violenta y en la respuesta violenta hay pata, puños, sangre y en el peor de los casos hay piedra y palo y manes más gigantes y fuertes que uno que por ende le rompen la crisma y el ego a los foráneos románticos. Y hay puntos y apartes. Puntos en la boca de alguien y apartes en la vida de todos. Costillas rotas y moretones y labios rotos y desmayos injustificados y tomografías y huesos hinchados y al fin y al cabo hay risa y hay complicidad porque también hay olor a nicotina mezclada con alcohol y algo de tango. Si, algo de tango.
Hay trastornos ocultos en nuestras mentes. Trastornos que se delatan por la oquedad intensa de una mirada. El disloque apenas vago de una retina llena de imágenes ardientes pegadas en las paredes del ojo como recortes de periódico en el vientre del más absorto de los asesinos en serie. Crónicas amarillas de sangre y dolor. Sangre roja y espesa, dolor altamente consumible por las adictas vísceras del insaciable humano. Punto. Y, aparte. Hay deseos cargados de veneno en nuestras mentes. Deseos que viajan vertiginosos, vía intravenosa, por el cuello hasta llegar al más recóndito y férvido espacio del cerebro; venenos de rabia, ira y afanes faltos de lucidez que dejan entre ver, como el picaporte voyerista de una puerta de madera, la ráfaga de salvajismos que en nuestro inconsciente duermen. Y llueve, y hay nieve y olor a nicotina mezclada con alcohol y algo de tango. Esta noche soy la materialización de la furia hilvanada por el denso ocaso de un suicidio vecinal que me hace sentir más vulnerable que siempre. La muerte me toca con las yemas de su guadaña en cada respiro, desde hace más o menos un longevo y desértico año. Rompo la hegemonía de lo justo castigando a diestra y siniestra los oídos inocentes de los gatos de mi alcoba. Les canto lo que no se merecen, lo que merezco yo y hay llanto y cólera y silencios mezclados con nicotina y alcohol y algo de tango. Existe energía simétricamente rota por la quietud del tiempo y entonces la ciencia, geológica en su título, las llamas rocas o piedras y sin coherencia en los agravios somos atacados por una energía furiosa que viaja en el viento hasta rompernos la calma y hay un clic en el estallar y en el estallar hay una respuesta violenta y en la respuesta violenta hay pata, puños, sangre y en el peor de los casos hay piedra y palo y manes más gigantes y fuertes que uno que por ende le rompen la crisma y el ego a los foráneos románticos. Y hay puntos y apartes. Puntos en la boca de alguien y apartes en la vida de todos. Costillas rotas y moretones y labios rotos y desmayos injustificados y tomografías y huesos hinchados y al fin y al cabo hay risa y hay complicidad porque también hay olor a nicotina mezclada con alcohol y algo de tango. Si, algo de tango.
LA REINA LEONA
(Madre no hay sino una pero ¿por qué preciso me tocó a mí?)
Existe una mujer que sin saberlo ha sido la protagonista inamovible de mi vida. Ha sido galardonada con los mejores premios y en los mejores festivales de toda la galaxia y en especial de mi alma. La tengo puesta en lo alto de mi estantería de emociones, junto a lo que llamamos amor. Ella es todo lo que tengo en mi cabina de trofeos, es dorada y brilla con luz propia. Es el premio de la academia que jamás recibiré. Es el homenaje imposible. Nada en el mundo me funciona para explicarle lo mucho que me importa su humanidad. Su amor de madre que me es suficiente para soportar setenta holocaustos más. Su compañía de mujer que me arropa cuando hace viento y me moja cuando hay verano. Nada funciona para explicarle que sus palabras son calmas y energéticas al mismo tiempo. Que sus preocupaciones por mi bienestar y por mi vestir en actos formales son todo lo que concibo como cariño y estilo. Que mi ropa limpia sólo luce limpia cuando la lava ella y que jamás estaré tan complacido con otros desayunos. Sólo con los suyos. Con sus huevos rancheros, su chocolate espumoso y sus arepitas de queso. Que mis dolencias sólo se calman cuando es ella quien me cuida. Que ella es todo. Que es la compañía perfecta. Que aún cuando dormidos, me habla. Entre sueños. Como una radiola encendida en medio de la quieta noche. Inaudible, inentendible, pero perfecta, sincera, sonora. Hermosa. Como un atardecer en el llano. Rojizo, naranja. De aires perfectos, cálidos, ruidosos. En simétrico claroscuro: sol y tierra o luz y sombra o amor y fiereza. Dulce ella, como una luciérnaga cantando boleros en medio de una oscura noche de campo o una marmota que baila merengue en un elástico piso de madera rechinante. Así de dulce y esquiva con la tristeza. Sus parábolas de la vida son el tercer testamento de la biblia que jamás me obligó a leer. Creo en Dios pero creo más en ella. Ella es más real y fantástica. Se atora con el arroz y tose por las noches. Hace gimnasia nocturna mientras mira caprichosa sus novelas y pedalea y pedalea en su bicicleta estática para bajar alguna mal habida grasa. Y escucha el ruido tempestivo de un coloso tenor empujado por el viento errante de los diminutos pulmones de mi alegre hermana. Y sus oídos no saben de Charlie Parker ni de Miles Davis pero ella ríe y es feliz contagiando sueños y durmiendo los domingos después de un suculento ajiaco con crema de leche. Ella es así y no sé si nos conocemos desde que vivía dentro de ella o si fue desde que nos vimos por primera vez en el mundo, en todo caso, y fuese como fuese, estamos obligados a llevar la cara del otro impresa en nuestra propia cara. Pues yo me parezco a ella y ella se parece a mí. Pero ella es mejor porque es mi madre y me gusta su melena de reina leona. Ella ruge y cuida de sus dos cachorros leones. La nena del saxofón y el nene de la cámara. Es el ejemplo perfecto de la superación y de la lucha. Un emblema del laburo diario. La leona de zoológico que se hizo reina de la selva. ¡Bravo mujer! Y, lo mejor es que ambos somos muy lindos y nobles, y nos gusta dormir cuando una película es mala. Recuerdo una foto que me enseñó la abuela: era el cumpleaños quince de mamá y ella posaba distraída mirando un horizonte de luz tenue con un pelo largo y robusto, y un vestido rosa que se ubicaba estricto en su cuerpo de quinceañera para evocar por completo la imagen fiera de una virgen de pueblo con la mente esquiva al dolor y el amor intacto por la vida. Me pareció hermosa al instante. Parecía salida de un cuento de hadas y princesas. Y es que eso es para mí. Una princesa que vive cruzando la Cali. Una ninfa angelical que viaja en su Fiat siena color ceniza por una ciudad del mismo color. Una cenicienta a prueba de brujas y altercados. Y si la genética es perfecta en su ciencia entonces, al igual que ella, a mis cuarenta y tantos, seré el humano más hermoso del planeta. Pero ojo, no por los genes, sino porque soy su hijo y ella me ha enseñado todo lo que sé.
Existe una mujer que sin saberlo ha sido la protagonista inamovible de mi vida. Ha sido galardonada con los mejores premios y en los mejores festivales de toda la galaxia y en especial de mi alma. La tengo puesta en lo alto de mi estantería de emociones, junto a lo que llamamos amor. Ella es todo lo que tengo en mi cabina de trofeos, es dorada y brilla con luz propia. Es el premio de la academia que jamás recibiré. Es el homenaje imposible. Nada en el mundo me funciona para explicarle lo mucho que me importa su humanidad. Su amor de madre que me es suficiente para soportar setenta holocaustos más. Su compañía de mujer que me arropa cuando hace viento y me moja cuando hay verano. Nada funciona para explicarle que sus palabras son calmas y energéticas al mismo tiempo. Que sus preocupaciones por mi bienestar y por mi vestir en actos formales son todo lo que concibo como cariño y estilo. Que mi ropa limpia sólo luce limpia cuando la lava ella y que jamás estaré tan complacido con otros desayunos. Sólo con los suyos. Con sus huevos rancheros, su chocolate espumoso y sus arepitas de queso. Que mis dolencias sólo se calman cuando es ella quien me cuida. Que ella es todo. Que es la compañía perfecta. Que aún cuando dormidos, me habla. Entre sueños. Como una radiola encendida en medio de la quieta noche. Inaudible, inentendible, pero perfecta, sincera, sonora. Hermosa. Como un atardecer en el llano. Rojizo, naranja. De aires perfectos, cálidos, ruidosos. En simétrico claroscuro: sol y tierra o luz y sombra o amor y fiereza. Dulce ella, como una luciérnaga cantando boleros en medio de una oscura noche de campo o una marmota que baila merengue en un elástico piso de madera rechinante. Así de dulce y esquiva con la tristeza. Sus parábolas de la vida son el tercer testamento de la biblia que jamás me obligó a leer. Creo en Dios pero creo más en ella. Ella es más real y fantástica. Se atora con el arroz y tose por las noches. Hace gimnasia nocturna mientras mira caprichosa sus novelas y pedalea y pedalea en su bicicleta estática para bajar alguna mal habida grasa. Y escucha el ruido tempestivo de un coloso tenor empujado por el viento errante de los diminutos pulmones de mi alegre hermana. Y sus oídos no saben de Charlie Parker ni de Miles Davis pero ella ríe y es feliz contagiando sueños y durmiendo los domingos después de un suculento ajiaco con crema de leche. Ella es así y no sé si nos conocemos desde que vivía dentro de ella o si fue desde que nos vimos por primera vez en el mundo, en todo caso, y fuese como fuese, estamos obligados a llevar la cara del otro impresa en nuestra propia cara. Pues yo me parezco a ella y ella se parece a mí. Pero ella es mejor porque es mi madre y me gusta su melena de reina leona. Ella ruge y cuida de sus dos cachorros leones. La nena del saxofón y el nene de la cámara. Es el ejemplo perfecto de la superación y de la lucha. Un emblema del laburo diario. La leona de zoológico que se hizo reina de la selva. ¡Bravo mujer! Y, lo mejor es que ambos somos muy lindos y nobles, y nos gusta dormir cuando una película es mala. Recuerdo una foto que me enseñó la abuela: era el cumpleaños quince de mamá y ella posaba distraída mirando un horizonte de luz tenue con un pelo largo y robusto, y un vestido rosa que se ubicaba estricto en su cuerpo de quinceañera para evocar por completo la imagen fiera de una virgen de pueblo con la mente esquiva al dolor y el amor intacto por la vida. Me pareció hermosa al instante. Parecía salida de un cuento de hadas y princesas. Y es que eso es para mí. Una princesa que vive cruzando la Cali. Una ninfa angelical que viaja en su Fiat siena color ceniza por una ciudad del mismo color. Una cenicienta a prueba de brujas y altercados. Y si la genética es perfecta en su ciencia entonces, al igual que ella, a mis cuarenta y tantos, seré el humano más hermoso del planeta. Pero ojo, no por los genes, sino porque soy su hijo y ella me ha enseñado todo lo que sé.
jueves
LA IMPERFECCIÓN DE LAS FORMAS
A
(Límites)
Alguien no ha estado haciendo su tarea de geometría. En algún momento del día el mundo perdió el equilibrio armónico de sus formas. Esta mañana, todo guardaba un orden espacial. Las formas del universo me eran equilibradas y proporcionales. Una nube ocupaba el mismo espacio aéreo de un avión y una rata en china ocupaba el mismo espacio terrestre de un zapato sucio en Buenos Aires. Sin embargo, entrada la tarde, algo rompió la hegemonía sideral. Mi habitación se hizo gigante al verme solitario y desnudo y yo era una minúscula versión de mi humanidad matinal. En contra parte, tu cuerpo, nena hermosa, continúa esbelto, perfecto y lejano. Corazón, estoy en el tercer cuadrante “y” negativo en 3 y “x” negativo en 3.
B
(Cóncavo)
Perdona, me fui sin despedirme. Es que estabas tan dormido que pensé en dejarte así. Igual roncas una barbaridad y no me escuchaste cerrar la puerta. Por cierto, saqué la basura y planché tu camisa de rayas. Al baño hay que darle un arreglo y te dejé sopa en la heladera. Sabes que te quiero, pero no te pongas fastidioso después de eyacular. Consigue por favor un trabajo de verdad y sé más calmado al verme desnuda. Mi vagina no es sólo un antro en el que debes meter tu pene. Hay pliegues sabes, hay formas fantásticas escondidas en las profundidades. Siempre hay otra forma de hacer las cosas. Siempre hay otros agujeros y en el mejor de los casos, siempre hay otras respuestas.
C
(Convexo)
No sé cuál es el tiempo exacto entre el primer y el segundo coito. Supongo que no hay un tiempo estándar. Varias veces me he ido en blanco pero soy bueno contando cuentos después del primer y único coito. No soy tipo de varios coitos. No soy tipo de muchas cosas. Las hazañas heroicas de la vida sexual se las dejo a otros. Lo mío es el cine y el fútbol. Pero no siempre ha sido así. Aquella vez lo hicimos nueve veces en seis horas. Probamos de todo. O al menos agotamos juntos todas las referencias literarias, fílmicas e imaginarias. Todo. Sin embargo, creo que jamás tuviste un orgasmo. Y no creo que se deba a mis imperfecciones físicas. A mi eyaculación precoz o a mi impotencia prematura. Creo que se debe a otro tipo de defectos pero me conoces y sabes que tengo mis propios temores. Soy incapaz de apagar la lamparita.
D
(Unión)
Estoy en un antro de mala muerte. Eric me presenta a su nueva amiga Débora. Débora es sensual pero está algo alterada. Me lleva al baño de chicas y me pone algo en la nariz. Pica. Débora y yo bailamos un rato. Nos besuqueamos y hablamos de política. Eric regresa con una nueva amiga: Angélica. Angélica es menos sensual que Débora pero está más caliente. Débora y Angélica bailan juntas. Eric me convida porro. Yo voy a mil. La mesera me pone un vodka y le pellizco las nalgas. Parece disfrutarlo. Angélica me agarra el paquete y me pilla tieso. Eric pide un taxi. Voy primero al baño con Débora. La nariz me pica el doble. Llegamos a un diminuto y sucio albergue en Rivadavia. Pedimos una habitación con vista a Mercurio, sodas y una botella de champán. Pero el botones nos conduce por un interminable y descubierto corredor con rumbo a una suite en la que un catre abandonado y una mesa de algarrobo se ubican implacables. Débora ríe y el planeta se ilumina. Angélica se quita las bragas y Eric se ilumina. Yo no me ilumino. Yo pienso. Pienso detenidamente en el cometa Halley. Unas tres horas después estamos dormidos sobre el viejo catre.
E
(Intersección)
Yo la tenía agarrada por la espalda. Lo empujaba millas náuticas de profundidad desde allí. El sofá era estrecho pero daba abasto para los tres. Ella estaba al medio, tenía un olor perfecto y un máster en crítica cinematográfica. Él, la atoraba por el frente. Mientras la cogíamos, charlábamos entrecortadamente.
Yo: Pero… si lo ves de esta manera, es sólo una ruptura de las formas de representación tradicional… en la praxis narrativa, las historias van de lo mismo de siempre…
Ella: Pero vos fijate… son interminables planos de un boludo con cara de orto que no expresa nada…
Yo: Claro que expresa… pero es otro tipo de expresión… nos está diciendo que esto es sólo una representación de la realidad… un distanciamiento… pero que aún así duele…
Ella: ¿Eso dice?
Yo: Sí
Ella: ¿Según vos o según él?
Yo: Según yo
Ella: Ahí está el tema
Yo: ¿Qué tema?
Ella: Que vos no sos él
Yo: ¿Y eso qué tiene que ver?
Ella: Que yo veo otra cosa… veo que es un pelotudo que pierde tiempo útil poniendo planos de otro pelotudo con cara de nada que sufre miles de cagadas todo el tiempo…
Yo: ¿Y así no es la vida acaso?
Ella: ¡Claro que no!... la vida es… es… bueno ¿qué se yo? ¡Anda a cagar!
Tener la razón es bueno para el ego. Hay fantasmas del pasado, razones viejas que perdiste, que se niegan a desaparecer. Lo ideal sería que existiera suficiente razón para todo el mundo, pero como sabemos, el planeta es demasiado pequeño y demasiado estrecho para tanta gente razonable.
Él (Interrumpe): ¡Che boludo tené cuidado que te sentí las bolas!!!
F
(Diferencia)
Melvin, el primo de Rafa, se estaba quedando con nosotros. Como se sentía solo, le presenté una vieja amiga neozelandesa y le presté mi colección de revistas adultas. Melvin limpió el baño el segundo fin de semana. Arregló un par de goteras y me invitó un par de veces a cenar. Luego me envío con un buen fajo de billetes al cinema. Me lo pensé un poco y entendí la movida. Me sentí traicionado. No le había presentado a Kim con fines sexuales. Era sólo compañía y el muy perro me estaba jodiendo. Ella era mi espacio perfecto para las ansias. Dejé a medio terminar esa estúpida cinta argentina y regresé, chuchillo en mano, a mi departamento. Pero sobre el tapete persa se ubica completamente solitario y desnudo un extasiado Melvin. Busqué por todos los rincones de mi mono-ambiente a una caleta y traidora Kim pero no encontré nada. Total, dejé todo intacto. Mis revistas estaban a la mano y ahora que recuerdo Kim está algo obesa.
G
(Algebra)
Fep había salido con Andy a un viejo conventillo de tangos. El cantante tiene la misma estampa de Alex pero cincuenta años hacia el futuro. Es la vejez física que le espera. El sujeto del bandoneón sangraba a cántaros por la nariz pero seguía allí, ubicado en su mundo de teclas y opresiones. El sonido era bestial y doloroso. Como un pisotón de pie grande. Al tipo de la guitarra la sientan bien las medias naranja. Su mujer, una robusta cenicienta, es linda pese a la grasa. En la mesa contigua se ubicaban un par de chicas. Una algo mayor, cuarenta a lo sumo, la otra, en contraparte, más bien joven. Veinte a lo sumo. Ambas gigantes y bellas. Uno ochenta a lo sumo. Fep sostiene que son pareja. Andy dice que puede ligarse a la joven con algo más de licor en la cabeza. Alex termina su canto. Hay aplausos y una que otra copa rota. La chica joven se dirige al baño. Andy va tras ella pero pierde ante una diminuta y divertida filósofa de apenas dieciséis que la acuella primero. Andy regresa deprimido a la barra. Fep se está ligando a la mesera. Una escuálida alemana de nariz afilada. Andy va a por la mujer mayor pero fracasa una vez más. Fep recibe una abofeteada y arma escándalo. Alex golpea a Fep y arma escándalo. Andy golpea a Alex y está borracho. El tipo de la guitarra arma escándalo y su regordeta novia le apoya. La mujer mayor descubre a su novia en brazos de una niña y también arma escándalo. Al fondo, en el rincón más oscuro del lugar, observo ebrio y distante la situación. Intento ligarme al tipo del bandoneón pero fracaso. Yo no armo escándalo pero igual sufro. Pido otro whisky y regreso a mi oscuridad esquivando escándalos.
H
(Trigonometría básica del alma)
P ama a N y no puede vivir sin él. Ó al menos eso dice P pero P no ha intentado, ni de lejos, tratar de vivir sin N. A N, le interesa P pero su atracción no es proporcional ni equidistante al amor de P. Luego el trayecto P-N es más prolongado e intenso que el trayecto N-P. C es un ángulo obtuso. Ó al menos así lo han llamado todas sus antiguas novias. Luego C es un tipo plano y de apertura 180°. Una raya. C dice amar a P pero P apenas nota a C. N se divierte con C pero N y C no pueden relacionarse porque N y C son ángulos de la misma apertura y jamás podrán tocarse. Ambos son rayas. C sopesa sus oportunidades con P y decide que lo más sensato es dar un paso al costado. Ser un inútil cotangente. N intenta unirse a P pero su atracción es demasiado corta. P se desespera y sale a un bar. Conoce a Z. Z tiene dinero y unos grandes ojos azules. Un tipo agudo. Luego la relación P-Z prospera porque tienen ángulos en común. P y Z se casan. Dos rayas obtusas se embriagan por despecho. Luego N y C lloran a cantidades.
I
(Residuo)
Mi relación con la chilena no prosperó. Desde el principio lo supe pero igual no hice caso y me enamoré como una vil mariquita. Ahora sólo me quedan el recuerdo y el vacío. Nena, lo ideal sería que regresaras y que pensaras en mí. Que vengas a buscarme, a pedirme matrimonio. Que nos marchemos juntos al faro del fin del mundo en Islandia y que tengamos una docena de rubios cachorros. Que la nieve calcine nuestros acalorados corazones y que bebamos chocolatico caliente. Que midas uno setenta y que tus medidas sean ochenta y cuatro-sesenta-noventa. Lo ideal sería que no tuvieras novio holandés, que no te hubieras ido dejándome tan triste y solitario. Que fueras más sensible sexualmente hablando y que limpiaras de vez en cuando la cocina. Sé que jamás lo supiste pero eras todo para mí y mis burlas por tu acento eran sólo estúpidas burlas gramaticales. Nena, no debiste haberte ido. No dejándome así, por que ahora que lo pienso, jamás me devolviste mi chaqueta favorita.
(Límites)
Alguien no ha estado haciendo su tarea de geometría. En algún momento del día el mundo perdió el equilibrio armónico de sus formas. Esta mañana, todo guardaba un orden espacial. Las formas del universo me eran equilibradas y proporcionales. Una nube ocupaba el mismo espacio aéreo de un avión y una rata en china ocupaba el mismo espacio terrestre de un zapato sucio en Buenos Aires. Sin embargo, entrada la tarde, algo rompió la hegemonía sideral. Mi habitación se hizo gigante al verme solitario y desnudo y yo era una minúscula versión de mi humanidad matinal. En contra parte, tu cuerpo, nena hermosa, continúa esbelto, perfecto y lejano. Corazón, estoy en el tercer cuadrante “y” negativo en 3 y “x” negativo en 3.
B
(Cóncavo)
Perdona, me fui sin despedirme. Es que estabas tan dormido que pensé en dejarte así. Igual roncas una barbaridad y no me escuchaste cerrar la puerta. Por cierto, saqué la basura y planché tu camisa de rayas. Al baño hay que darle un arreglo y te dejé sopa en la heladera. Sabes que te quiero, pero no te pongas fastidioso después de eyacular. Consigue por favor un trabajo de verdad y sé más calmado al verme desnuda. Mi vagina no es sólo un antro en el que debes meter tu pene. Hay pliegues sabes, hay formas fantásticas escondidas en las profundidades. Siempre hay otra forma de hacer las cosas. Siempre hay otros agujeros y en el mejor de los casos, siempre hay otras respuestas.
C
(Convexo)
No sé cuál es el tiempo exacto entre el primer y el segundo coito. Supongo que no hay un tiempo estándar. Varias veces me he ido en blanco pero soy bueno contando cuentos después del primer y único coito. No soy tipo de varios coitos. No soy tipo de muchas cosas. Las hazañas heroicas de la vida sexual se las dejo a otros. Lo mío es el cine y el fútbol. Pero no siempre ha sido así. Aquella vez lo hicimos nueve veces en seis horas. Probamos de todo. O al menos agotamos juntos todas las referencias literarias, fílmicas e imaginarias. Todo. Sin embargo, creo que jamás tuviste un orgasmo. Y no creo que se deba a mis imperfecciones físicas. A mi eyaculación precoz o a mi impotencia prematura. Creo que se debe a otro tipo de defectos pero me conoces y sabes que tengo mis propios temores. Soy incapaz de apagar la lamparita.
D
(Unión)
Estoy en un antro de mala muerte. Eric me presenta a su nueva amiga Débora. Débora es sensual pero está algo alterada. Me lleva al baño de chicas y me pone algo en la nariz. Pica. Débora y yo bailamos un rato. Nos besuqueamos y hablamos de política. Eric regresa con una nueva amiga: Angélica. Angélica es menos sensual que Débora pero está más caliente. Débora y Angélica bailan juntas. Eric me convida porro. Yo voy a mil. La mesera me pone un vodka y le pellizco las nalgas. Parece disfrutarlo. Angélica me agarra el paquete y me pilla tieso. Eric pide un taxi. Voy primero al baño con Débora. La nariz me pica el doble. Llegamos a un diminuto y sucio albergue en Rivadavia. Pedimos una habitación con vista a Mercurio, sodas y una botella de champán. Pero el botones nos conduce por un interminable y descubierto corredor con rumbo a una suite en la que un catre abandonado y una mesa de algarrobo se ubican implacables. Débora ríe y el planeta se ilumina. Angélica se quita las bragas y Eric se ilumina. Yo no me ilumino. Yo pienso. Pienso detenidamente en el cometa Halley. Unas tres horas después estamos dormidos sobre el viejo catre.
E
(Intersección)
Yo la tenía agarrada por la espalda. Lo empujaba millas náuticas de profundidad desde allí. El sofá era estrecho pero daba abasto para los tres. Ella estaba al medio, tenía un olor perfecto y un máster en crítica cinematográfica. Él, la atoraba por el frente. Mientras la cogíamos, charlábamos entrecortadamente.
Yo: Pero… si lo ves de esta manera, es sólo una ruptura de las formas de representación tradicional… en la praxis narrativa, las historias van de lo mismo de siempre…
Ella: Pero vos fijate… son interminables planos de un boludo con cara de orto que no expresa nada…
Yo: Claro que expresa… pero es otro tipo de expresión… nos está diciendo que esto es sólo una representación de la realidad… un distanciamiento… pero que aún así duele…
Ella: ¿Eso dice?
Yo: Sí
Ella: ¿Según vos o según él?
Yo: Según yo
Ella: Ahí está el tema
Yo: ¿Qué tema?
Ella: Que vos no sos él
Yo: ¿Y eso qué tiene que ver?
Ella: Que yo veo otra cosa… veo que es un pelotudo que pierde tiempo útil poniendo planos de otro pelotudo con cara de nada que sufre miles de cagadas todo el tiempo…
Yo: ¿Y así no es la vida acaso?
Ella: ¡Claro que no!... la vida es… es… bueno ¿qué se yo? ¡Anda a cagar!
Tener la razón es bueno para el ego. Hay fantasmas del pasado, razones viejas que perdiste, que se niegan a desaparecer. Lo ideal sería que existiera suficiente razón para todo el mundo, pero como sabemos, el planeta es demasiado pequeño y demasiado estrecho para tanta gente razonable.
Él (Interrumpe): ¡Che boludo tené cuidado que te sentí las bolas!!!
F
(Diferencia)
Melvin, el primo de Rafa, se estaba quedando con nosotros. Como se sentía solo, le presenté una vieja amiga neozelandesa y le presté mi colección de revistas adultas. Melvin limpió el baño el segundo fin de semana. Arregló un par de goteras y me invitó un par de veces a cenar. Luego me envío con un buen fajo de billetes al cinema. Me lo pensé un poco y entendí la movida. Me sentí traicionado. No le había presentado a Kim con fines sexuales. Era sólo compañía y el muy perro me estaba jodiendo. Ella era mi espacio perfecto para las ansias. Dejé a medio terminar esa estúpida cinta argentina y regresé, chuchillo en mano, a mi departamento. Pero sobre el tapete persa se ubica completamente solitario y desnudo un extasiado Melvin. Busqué por todos los rincones de mi mono-ambiente a una caleta y traidora Kim pero no encontré nada. Total, dejé todo intacto. Mis revistas estaban a la mano y ahora que recuerdo Kim está algo obesa.
G
(Algebra)
Fep había salido con Andy a un viejo conventillo de tangos. El cantante tiene la misma estampa de Alex pero cincuenta años hacia el futuro. Es la vejez física que le espera. El sujeto del bandoneón sangraba a cántaros por la nariz pero seguía allí, ubicado en su mundo de teclas y opresiones. El sonido era bestial y doloroso. Como un pisotón de pie grande. Al tipo de la guitarra la sientan bien las medias naranja. Su mujer, una robusta cenicienta, es linda pese a la grasa. En la mesa contigua se ubicaban un par de chicas. Una algo mayor, cuarenta a lo sumo, la otra, en contraparte, más bien joven. Veinte a lo sumo. Ambas gigantes y bellas. Uno ochenta a lo sumo. Fep sostiene que son pareja. Andy dice que puede ligarse a la joven con algo más de licor en la cabeza. Alex termina su canto. Hay aplausos y una que otra copa rota. La chica joven se dirige al baño. Andy va tras ella pero pierde ante una diminuta y divertida filósofa de apenas dieciséis que la acuella primero. Andy regresa deprimido a la barra. Fep se está ligando a la mesera. Una escuálida alemana de nariz afilada. Andy va a por la mujer mayor pero fracasa una vez más. Fep recibe una abofeteada y arma escándalo. Alex golpea a Fep y arma escándalo. Andy golpea a Alex y está borracho. El tipo de la guitarra arma escándalo y su regordeta novia le apoya. La mujer mayor descubre a su novia en brazos de una niña y también arma escándalo. Al fondo, en el rincón más oscuro del lugar, observo ebrio y distante la situación. Intento ligarme al tipo del bandoneón pero fracaso. Yo no armo escándalo pero igual sufro. Pido otro whisky y regreso a mi oscuridad esquivando escándalos.
H
(Trigonometría básica del alma)
P ama a N y no puede vivir sin él. Ó al menos eso dice P pero P no ha intentado, ni de lejos, tratar de vivir sin N. A N, le interesa P pero su atracción no es proporcional ni equidistante al amor de P. Luego el trayecto P-N es más prolongado e intenso que el trayecto N-P. C es un ángulo obtuso. Ó al menos así lo han llamado todas sus antiguas novias. Luego C es un tipo plano y de apertura 180°. Una raya. C dice amar a P pero P apenas nota a C. N se divierte con C pero N y C no pueden relacionarse porque N y C son ángulos de la misma apertura y jamás podrán tocarse. Ambos son rayas. C sopesa sus oportunidades con P y decide que lo más sensato es dar un paso al costado. Ser un inútil cotangente. N intenta unirse a P pero su atracción es demasiado corta. P se desespera y sale a un bar. Conoce a Z. Z tiene dinero y unos grandes ojos azules. Un tipo agudo. Luego la relación P-Z prospera porque tienen ángulos en común. P y Z se casan. Dos rayas obtusas se embriagan por despecho. Luego N y C lloran a cantidades.
I
(Residuo)
Mi relación con la chilena no prosperó. Desde el principio lo supe pero igual no hice caso y me enamoré como una vil mariquita. Ahora sólo me quedan el recuerdo y el vacío. Nena, lo ideal sería que regresaras y que pensaras en mí. Que vengas a buscarme, a pedirme matrimonio. Que nos marchemos juntos al faro del fin del mundo en Islandia y que tengamos una docena de rubios cachorros. Que la nieve calcine nuestros acalorados corazones y que bebamos chocolatico caliente. Que midas uno setenta y que tus medidas sean ochenta y cuatro-sesenta-noventa. Lo ideal sería que no tuvieras novio holandés, que no te hubieras ido dejándome tan triste y solitario. Que fueras más sensible sexualmente hablando y que limpiaras de vez en cuando la cocina. Sé que jamás lo supiste pero eras todo para mí y mis burlas por tu acento eran sólo estúpidas burlas gramaticales. Nena, no debiste haberte ido. No dejándome así, por que ahora que lo pienso, jamás me devolviste mi chaqueta favorita.
LA DIAPASÓN DESECHABLE
Entré a una sala blanca que olía a jabón y cartón en intervalos temporales. El doctor me hace sentar y sacarme la ropa. Pensé en que mis vaqueros necesitaban ser remendados y que mi camisa tenía un leve olor a cigarrillo. Una enfermera se ubica casi imperceptible en un rincón. Anotaba cosas en una máquina. Había pisado mierda de perro unas cuadras atrás y entonces me detuve a pensar un rato en toda la mierda de perro que yace intacta en las autopistas del universo. Perros intergalácticos cagando allí y allá y amos inquebrantables que lanzan peloticas rojas llenas de saliva. Vuelvo al planeta tierra y estoy desnudo frente a dos alienígenas. El doctor me echa un buen vistazo. Me revisa el culo unas seis veces y su reacción no es precisamente agradable. Temí grandes enfermedades terminales y días de dolor cervical. Nada nuevo. “Me ha estado molestando el intestino, no puedo precisar cuál de los dos es pero uno de ellos ha estado fastidiándome”. La enfermera se echa a reír y luego canturrea una canción de los setenta. El doctor parece no encontrarle la gracia y me hunde el apéndice con sus heladas manos peludas. “´Ése es” digo pero parece que nadie me ha escuchado. Nada nuevo. Tal vez es que hablo muy bajo o que mi tono es imperceptible para sus orejas igualmente peludas. La enfermera le echa un vistazo a mi paquete y su rostro es lamentable. Pienso en todos los rostros lamentables que he visto. El mío encabeza la lista. Un ruido sale de la garganta del doctor y su mano peluda arremete ferozmente contra mi pecho. Algo allí se mueve y siento vértigo. El doctor pone allí su estetoscopio y ríe a carcajadas, llama a la enfermera y ella también ríe. Yo no río. Yo no lloro. Yo sigo igual. Intacto. El doctor vuelve a su escritorio y revisa sus apuntes. “Es algo serio” dice. Me entrega una hoja de diagnóstico. Hace frío y apenas puedo verme el pin. “¿Puedo ponerme la ropa?”. Mientras me pongo los vaqueros pienso en que sus rotos andan bien y la camisa tiene a la larga un olor muy mío. Leo atentamente la hoja y estoy de acuerdo. Pienso en los perros de otro mundo, en sus cagadas. Cierro la puerta y el olor a jabón y cartón desaparece. Me invaden la oquedad y el pánico. El estado anímico de la sala de espera es deplorable. Una anciana me sonríe a lo lejos pero debe ser por efecto de la morfina. Está conectada a la tubería del hospital ó a la de la ciudad entera. Nunca se sabe. Pienso en una vieja amiga de infancia que murió en un accidente de coche el mes pasado, pienso estúpidamente en sus intrigantes ojos pesados. En sus curvas llenas de lata y sangre. Invito a una copa a la anciana y abandono el lugar dejando unas hermosas huellas de mierdita.
HOSPITAL GENERAL DE Ms. As.
Paciente: GARCÍA, Sócrates
Edad: 22
Doctor: Sujeto de manos frías y peludas.
DIAGNÓSTICO:
El paciente no termina lo que empieza. Es mediocre en todas las actividades que emprende. Es terco anímicamente hablando. Presenta fallas de concepción en la realidad. Sufre ataques de imaginación seguidos por largos espasmos de silencio y quietud. Presenta avanzada infección del carácter. Es impulsivo cuando opina y su capacidad de mentir es crónica. Es altamente influenciable y presenta ridiculez, pesimismo y frustración en todas sus relaciones sociales. Presenta un tumor artístico en algún lugar del duodeno. Sufre de hiper-soledad avanzada y se precisa la extirpación de testosterona URGENTEMENTE. Además de transfusión de euforia y felicidad en dosis alarmantes. Un corte de cabello y una buena chica serían más que suficientes.
RECETARIO:
-Cerveza en ayunas. Todos los días por unos doce años más.
-Pase de coca cada seis horas.
-Sexo animal. Cuatro veces al día.
-Compañía ilimitada de amistades. Presencial y no presencial. (No exceder su consumo)
-Play Station 3. Dos jugadas al día.
-Farra. Día de por medio.
-Viajes. Dos veces al mes.
Además de ello, el paciente precisa atención, amor y cariño por parte de todo el mundo.
Bajo la tutela de él mismo, el paciente acepta someterse a cualquier tipo de tratamiento y/o terapia que le ayuden a hacer algo en la vida.
HOSPITAL GENERAL DE Ms. As.
Paciente: GARCÍA, Sócrates
Edad: 22
Doctor: Sujeto de manos frías y peludas.
DIAGNÓSTICO:
El paciente no termina lo que empieza. Es mediocre en todas las actividades que emprende. Es terco anímicamente hablando. Presenta fallas de concepción en la realidad. Sufre ataques de imaginación seguidos por largos espasmos de silencio y quietud. Presenta avanzada infección del carácter. Es impulsivo cuando opina y su capacidad de mentir es crónica. Es altamente influenciable y presenta ridiculez, pesimismo y frustración en todas sus relaciones sociales. Presenta un tumor artístico en algún lugar del duodeno. Sufre de hiper-soledad avanzada y se precisa la extirpación de testosterona URGENTEMENTE. Además de transfusión de euforia y felicidad en dosis alarmantes. Un corte de cabello y una buena chica serían más que suficientes.
RECETARIO:
-Cerveza en ayunas. Todos los días por unos doce años más.
-Pase de coca cada seis horas.
-Sexo animal. Cuatro veces al día.
-Compañía ilimitada de amistades. Presencial y no presencial. (No exceder su consumo)
-Play Station 3. Dos jugadas al día.
-Farra. Día de por medio.
-Viajes. Dos veces al mes.
Además de ello, el paciente precisa atención, amor y cariño por parte de todo el mundo.
Bajo la tutela de él mismo, el paciente acepta someterse a cualquier tipo de tratamiento y/o terapia que le ayuden a hacer algo en la vida.
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