martes
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Distrito. Emocional. [D.E.]
Estoy lustrando las botas de un skinhead que promete matar a un punketo porque le ha tocado el culo a su novia; el gamín del barrio vecino acaba de llegar montado en un scooter de madera gritando a todo el mundo lo hijosdeputa que somos; una marciana acaba de aterrizar en la estación de las aguas y seis hippies le venden manillas para el amor; la puta mejor paga del pasarela show de la esquina, acaba de quedar embarazada en el transmilenio pero aún lo ignora, de hecho, nadie sabe cómo pasó, sólo pasó y ya; en la punta del colpatria, un seropositivo amenaza con suicidarse pero no quiere perderse el concierto callejero del séptimazo; en la casa de enfrente dictan clases de francés pero en la madrugada los ñeros meten bareta en español; la señora del chance promete verse el ciclo de cine alemán en el MAMBO y la de los tintos comenta que Kierkegaard no es tan genial; ropa barata con logo de marca internacional... Milán, Paris o New York, acá la moda es comunista y hay Lacoste en cualquier esquina... aumenta la oferta de limpia-parabrisas y de espectáculos circenses; mejora la calidad de vida para las llantas en el transporte urbano; llueve, escampa, vuelve y llueve, hace sol, vuelve y escampa; le apuesto al curí número siete pero gana el ocho; la catedral es más mierda que catedral porque las palomas sufren del cólon; el chorro de Quevedo no tiene agua pero está lleno de alicorados; las empanadas de la esquina están en rebaja; en el bar del fondo acaban de matar a un muchacho pero la música sigue...
Y sin embargo, no puede uno sentirse más cómodo y aceptado en ningún otro lugar del planeta... mono, no tiene una monedita?
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[3:30 a.m.]
La pijama me talla en la entrepierna y entonces me acomodo para que no me tallen los dilemas y sentimientos que me incomodan la mente. Deben de ser como las 3 y 26 de la mañana pero para mi dormir deben ser las 8 p.m. de un viernes de farra porque no logro encontrar el punto de quiebre que me envíe al mundo de los sueños. La cuestión es que el mundo me ha abofeteado en medio de mis ideales y duele. Es una cicatriz de esas que no se perciben en la piel sino en el alma. Total, el que está conectado en un hospital no soy yo y eso para mí duele el doble. Mis culpas se mueven astutas en el pecho y me salen escarabajos hechos de suspiros por la boca cada vez que lo medito. Me dan ganas de llorar pero no lloro porque los hombres no lloran, ¿lloras tú? Total, a las 3 y 27 me agarra el sueño. Me duermo. Aparecen los sueños. Mis sueños. Sueño que alguien con la cabeza vendada y setenta puntadas se baja de una cama doble en medio de un bosque, sueño que bromea conmigo, que se pasa de listo, que trae pelo abultado, afro, oscuro y con un terrible sabor a algodón. Sueño que me largo de mi sueño y que me hundo en un mar de sucesos que no logro ni entender ni recordar. De repente, un gato brinca a mi televisor desde el armario. Me despierto enseguida. Quedo sentado y estático enseguida. La oscuridad de la vida y de la alcoba no me permite ver con claridad pero percibo al gato sobre mi televisor. Sus ojos brillantes saltan a la vista y me observan intrépido e implacable. Mis ojos permanecen extraños y con sueño por eso le observo torpe y confundido. Ninguno de los dos se mueve por los siguientes dos minutos. Él me observa y yo lo observo. La vista humana se adapta a cualquier oscuridad y esta no es la excepción: mi retina comienza a dibujar el contorno grisáceo del gato en perfecta posición de cacería sobre el televisor. Entonces, decido traicionar nuestro pacto de quietud y agarro el control remoto. El gato se pone alerta, sigue cada uno de mis movimientos con azarosos cambios de retina. Enciendo la tele y el gato brinca al suelo. Nos observamos por algunos segundos más pero nos interrumpen la música de la tele y los concursos de dinero, las modelos que allí viven. Debían ser las 3 y 30, cuando el sueño logró abatirme, lentamente caía de regreso a la almohada, mientras en intermitente parpadeo, divisaba como el gato cambiaba de canal.
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"A perro regalado no se le mira ladrar, por eso caballo que muerde no tiene colmillo, y en efecto, zafa pareja... cada jirafa con su oveja"
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[Lavomatic]
Nadie puede verme. O eso pensaba mientras me ocultaba tras mi lógica y mi conciencia. Bajo a beber un vaso de leche y percibo los murmullos de la lavadora. Me acerco a ella para encararla pero me topo con un gato encerrado en ella, aferrado al cristal con la más tierna mirada existente. Se revuelca entre el jabón en polvo y mi camisa menos favorita. Brinca y hace amagos de entender la supremacía de lo justo en el mundo. Pero ambos sabemos que la justicia es vulgar y que junto a ella, una vieja cabaretera vomitada es la reina del universo. Tomo aire y leche fría. Pienso en poner a funcionar la lavadora pero no sé hacerlo, entonces, abro la tapa y al cabo de dos segundos, el gato desaparece de mi vista. Desde entonces, nos hemos hecho los mejores enemigos. Quedamos en que yo dejaba algo de pollo en los huesos para que él los rumeé con hambrienta exactitud. Firmamos y me voy a dormir. A veces, mientras duermo, pienso en él y de seguro él piensa en otras cosas. Los gatos tienen más ocupaciones que cualquier otro animal. Pensar en qué invertir seis vidas más debe ocupar su tiempo. Otras veces, le vigilo. Le observo desde la ventana y observo como deambula solitario por las tejas esperando a por el momento preciso. Total, ambos tenemos la misma idea del miedo y odiamos por igual los concursos de dinero de la tele. Si lo que mató al gato fue la curiosidad, a mi me mata la incertidumbre de pensar qué diablos hacía un gato en mi lavadora.
v
[Una marciana en mi radar]
Estoy durmiendo una borrachera en el parque y de repente un haz de luz me despierta. Un ovni ha aterrizado en medio de la plaza y recuerdo que olvidé mi cámara de fotos. De la nave sale una hermosa marciana con ojos de marciana y cuerpo esbelto de marciana. También lleva pelo sedoso de marciana. Le pregunto su nombre y me dice que se llama Libra como la moneda inglesa o como el signo zodiacal. Pero advierte que no es balanceada. La invito a un trago y acepta. Me sigue con aires de simpática y nos metemos a una buhardilla del centro. Ella pide un coñac y yo le sigo. Le pregunto qué música le gusta y sale con visajes de vallenato y trance noventero. Le hablo de los rincones secretos del espacio y de las ánimas del corazón y ella parece no conocer a Hitchcock. Le confieso que mi coraje está dañado y que huelo a pórtico de motel. Y ella responde que las putas no besan. Le pregunto qué tal es Marte y dice que conseguir casa es una mierda. Que la tele y el clima son un asco pero que el metro es genial. Le pido que me lleve consigo. Le comento que quiero conocer Júpiter y ella dice que los tiquetes son carísimos. Sé que algo no anda bien y mi radar interno lo sabe. Ella me toma de la mano y dice que vino al planeta porque quiere conocer la nieve y ver a los pingüinitos. Sus ojos marcianos me miran con potencia y siento vértigo. Su implacable acento astral me provoca adrenalina y el agite de ese par de antenas me pone libidinoso. Salimos y nos ocultamos de la lluvia en un paradero de buses. Le presto mi chaqueta porque soy un caballero. El agua se desliza hábil por su cuerpo y le pone la piel como una gallina. Como una gallina marciana. Entonces me encara y me dice que soy muy listo. Un siniestro ánimo me insita a besarla pero su boca se esconde. Un gamín se acerca y nos pide monedas. Le digo que no hay y se pone difícil. Saca un puñal y me esculca. Revisa en mi memoria, en mis bolsillos y en mis zapatos. No encuentra nada pero igual se queda con los zapatos. El filo de su puñal me deja marcas en la ropa y en el pecho. El gamín encuentra a otro idiota y le roba el celular y la cartera. Giro mi mirada y Libra se ha ido. Lentamente en mi corazón se hace una nueva grieta. Camino triste mientras el cielo termina de escupirme. Recuerdo los ojos de Libra y recuerdo que son hermosos. Pienso en su vagina intergaláctica y en el color de su odio. Vuelvo a la buhardilla y allí está ella, sentada como si nada. Como si el universo jamás fuera a explotar. Me siento junto y le digo que quiero hacerle el amor. Ella responde que ya me lo hizo y que quizás yo esté embarazado. Se baja una copa de coñac a fondo blanco y me advierte que tiene que irse porque su novio la espera. Le digo que la amo y ella paga la cuenta. Me despido mientras le pregunto qué música escucha y comprendo que mi radar se ha descompuesto.
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"Al que madruga Dios le ayuda, por eso, camarón que se duerme se lo lleva la corriente; y es que la pereza es la madre de todos los vicios pero es que madre no hay sino una..."
sábado
El papá de mi hermana
I
Mamá debió haber visto mucho a Rambo durante el embarazo para que yo naciera tan cobarde. Lo menciono porque durante ése mismo embarazo, mami bebió cantidades inimaginables de jugo de guanábana y hoy por hoy detesto la guanábana. Eso no quiere decir que yo deteste a Rambo. El lío es que tuve una repercusión extraña después de ver todas sus pelis a través de la panza. En los filmes, el melenudo soldado destripa y acaba enemigos, y poco a poco, se convierte en un héroe nacional. En la vida real, unos años antes de Rambo, Silvester Stallone era un convencional actor porno y quizás era también un héroe para los que frecuentaban los cinemas triple x.
Uno llega al mundo y lo primero que hace es respirar el cochino aire de ese mundo. Por eso se llora. Una de mis grandes frustraciones es no haber nacido marciano, la otra es no haber sido Brad Pitt. La vida tiene una forma extraña de desilusionar. Todo termina por acomodarse a la dimensión de las pasiones y en mi alma no tengo mucho espacio. Lo ideal es que yo fuera aguerrido como Rambo o hábil como el tino Asprilla pero en cambio salí cobarde y del tino sólo heredé el gusto por el trago y las mujeres. No suelo hacerme el duro y sé que cualquiera puede ponerme la mano encima con facilidad. Mi sobrino me dio una paliza tremenda el día de su bautizo.
II
En casa todo es parco y escueto. Vivimos en el cuarto piso de un edificio y todos me hacen mimos. Mi cuna es amplia y bien iluminada. Mi hermano mayor viene cada mañana a molestarme y yo no entiendo ni la mitad de lo que balbucea. La empleada del servicio cada vez que me baña me molesta el pin y entonces me pongo de buenas. Mamá habla por teléfono con la abuela y papá se rasura la cara con una máquina eléctrica. Cuando todos se aburren, encienden la radio y escuchamos a pimpinela. Cuando pimpinela nos aburre, papá saca un micrófono y me pone a hacer karaoke con las baladas de Chayanne. Yo le sigo el juego porque papá es sabio. En cada rincón de la casa hay criaturas fantásticas que me asustan pero papá es sabio y su voz espanta a cada mamarracho. La presencia de papá en casa es increíble. Todo se pone limpio y ordenado sólo con verle sentado en el sofá.
En las noches, papá y mamá se desplayan en la cama y yo los veo desde mi cuna. Comienzo a chillar porque siento celos de que papá embauque a mamá. Ella sale al quite y me da teta. Me acuesta en medio de ambos y me soba la panza. Cuando me duermo todo es hermoso, sueño que soy un melenudo guerrero que machaca los rincones de la casa.
Papá despierta y al salir de la cama me arroja al suelo. Mi cabeza se revienta contra el alfombrado y me sale sangre. Lloro y papá me alza. Me lleva con el doctor y me cosen con cuatro puntadas. Veinte años después, la cicatriz se ubica implacable en mi occipital derecho. El pelo no me crece allí y es un lugar carrasposo. Cada vez que pienso en papá, paso los dedos por la llaga, dónde un afable sentimiento me recuerda el calor de un tipo sabio.
III
También tuve siete años y para entonces era un chico malcriado. Papá amenazaba con ponerme a vender dulces en la calle si mi conducta no se volvía más lógica. Cómo no entiendo la lógica humana no pude cambiar mi conducta. Mi destino no fue la calle pero si un reformatorio militar, donde férreamente me fueron incrustando en medio del pecho, a punta de vulgaridades y ejercicio, un estricto control disciplinario. Me costó mucho adaptarme. Lo que papá ignora es que me unió indirectamente a un mundo austero. En clase, un bravucón me fastidiaba con saña y un día en la biblioteca tuve que defenderme. Le di una patada en medio de la panza con todo lo que tenía en el ánimo. El valentonado respondió con un certero librazo en mi rostro y un hilo de sangre bajó por mi ceja hasta dejarme ciego. Una profesora me llevó a la enfermería. Después de que me arreglaron la herida volví a la biblioteca. El fulano se había marchado, pero sobre la mesa me atizaba un implacable volumen de el quijote, que tenía la pasta cubierta de sangre. De mi sangre. Ése fue mi primer contacto con el mundo de la literatura y creo que papá lo ignora.
A la misma edad, me encontré un día completamente sólo en casa. Mi carácter curioso me llevó a una gaveta de donde saqué una película porno. Tuve todo el tiempo del mundo para verla y analizarla. Plano a plano entendía porque a muchos les mueve una pasión por el llamado séptimo arte. Mi amor por el cine trasciende todo tipo de fronteras. Ése fue mi filme favorito hasta que conocí a Korine y Kassovitz.
Mi ciudad sólo ha sido bella una vez. Aquella vez, papá me llevaba a visitar monserrate y viajábamos juntos en un teleférico. Él y mamá habían peleado y decidieron que él podía visitarme los sábados. Aquella tarde era una tarde de sábado dónde la voz de papá me protegía del vértigo de las alturas. Una panorámica de sol me acercó a sus hombros mientras lentamente descubría que el mundo sí era gigante y redondo.
IV
Mamá debió haber visto mucho a papá durante el embarazo para que yo naciera tan igual a él. He ido analizando que somos muy iguales en innumerables aspectos. Físicamente sólo nos une la similitud de manos y píes. Dignamente achacables a un dibujante de la Disney. Pero hay algo más, algo que se mueve oculto entre ambos. Papá y yo sabemos que es pero no lo decimos porque vemos fútbol en la tele. Algo nos une. Él indirectamente ha influido en todo lo que me gusta de la vida. Y lo más seguro es que lo ignore. Todo lo que amo en la vida y en el mundo ha sido producto de su influencia. Papá me enseñó a recitar poesía del Indio Duarte a los trece. Jamás consulté una enciclopedia en casa porque él lo sabía todo. Nunca necesité rectificar información porque su forma de enseñarme es única. Es cómo si matara criaturas fantásticas en los rincones de la casa. Es cómo si me tatuara una nueva cicatriz en la cabeza. Tiene un ánimo tan optimista que hace que un kamikaze ruegue por seguir viviendo. Su estilo de vida y su rutina son la forma más impecable de vivir. Ni el yoga es tan preciso. Hasta el Dalai Lama querría vivir con mi padre y no es para menos. Aún en medio de mugre y miseria es el amoroso y tierno padre que me enseñó a montar bicicleta. Su sonrisa es a prueba de eternidades. Su corazón no sabe de segundas intenciones. Escucharlo hablar de su vida es tan exquisito como un libro de García Márquez y tan genial como una película de Fellini. Sus silencios están llenos de ruidos mágicos y sus ruidos mágicos están llenos de silencio astral. Ambos tenemos un remolino de pelo en la parte derecha de la nuca y nos gusta mirar lo mismo en la tele. Él ocupa un lugar invaluable en mi vida y creo que aún lo ignora. Es el héroe de mi caricatura favorita y yo soy ese sujeto que siempre está en problemas. Él no necesita identidad secreta y aunque se vaya en bus a las batallas siempre regresa victorioso. También tiene una cicatriz en una de sus cejas y eso nos hace gemelos. Únicos. Irrepetibles. Fantásticos. Él es el héroe que todos necesitamos en este mundo. No tiene ninguna clase de poder pero es tan sabio que hace recapacitar a los bandidos. Y aunque la suerte sea su peor enemigo, en medio del pecho tiene una felicidad tan impecable que hace del mundo un lugar hermoso para vivir.
A papá debí caerle bien durante el embarazo para que fuera tan bueno conmigo. Quien inventó la vida hizo todo al revés. Yo debería estar enfermo y cumplir sesenta años. Con eso mi padre sería mi hijo y yo podría verle seguir adelante en la vida. Sería mi hijo sabio.
V
Hace sesenta años mi abuela dio a luz a mi padre. Por aquellos días estalló la ciudad en cólera y furia y el país no volvió a ser lo mismo. Y siempre lo supiste, siempre supiste que en este mundo lo único que resta es reír. Nacer en el culo de la mula estuvo bien porque tu me enseñaste a vivir acá. Me contagiaste de tu risa y me enseñaste a ser feliz. Sin ti no habría sido lo mismo y lo único que puedo decirte es que escribo y escribo para que cuando ya no exista más en este mundo, puedas, si me necesitas padre mío, encontrarme en este escrito.
Fantasías Animadas de ayer y hoy presenta...
Los dibujos animados irradian un alto contenido emocional. Aún cuando sus personajes son animales de ojos saltones, el fondo reflexivo es digno de una película de Bergman. Pensar que McPato jamás gastó una moneda para tirarse a una pata era cuestión de remordimiento. Su hermano, el pato Donald, fue vetado en Finlandia por no llevar pantalones, y aún nos preguntamos quien es el padre de Hugo, Paco y Luís. Lo mismo sucede con Popeye y sus cuatro sobrinos. Resulta sospechosos que sean idénticos a él y que ellos le digan tío. Ese fue quizás el motivo de ruptura entre Olivia y Popeye: celos y sospechas. Una prueba de paternidad, de ADN, sería lo ideal pero eso ya no importa porque Olivia es feliz con Pilón. Qué? No lo sabias? A Olivia también le encantaban las hamburguesas y todos lo ignoramos hasta que se le vio muy romántica con el gordo Pilón en el McDonalds de la 127 con autopista. Popeye entró en depresión y se emborrachó absurdo con Brutus. Horas más tarde armaron un kilombo en un bar y fueron llevados a la UPJ.
2
Bugs Bunny y el pato Lucas pagan trece años de cárcel en la modelo y no es para menos. Son los culpables de la depresión de Porky y el suicidio del gallo Claudio. Lo mismo sucede con el gato Silvestre y Willie Coyote, quienes están en tratamiento psiquiátrico y rehabilitación por culpa de Piolín y el Correcaminos respectivamente. A Speedy González le quitaron la medalla de los olímpicos en cuanto le comprobaron el doping. La abuela murió de cáncer en el páncreas y a Yosemite Sam se le busca en varios lugares por porte ilegal de armas. Pepe Le Pew empezó a probar cada desodorante que la tele ofrecía y se convirtió en modelo de rexona. Porky perdió 70 kilos con el reduce fast fat. Y Elmer demandó a Regeneris porque continúa calvo. En la vida real sucede lo mismo. Existe una impecable decadencia que pone a todos en ridículo.
3
Mamá estaba viendo la abejita Maya cuando comenzaron las contracciones. Ahí venía yo, estaba a mis anchas en el vientre y poco antes de que el doctor me sacase, percibí el ruido del televisor. Mamá había pedido seguir viendo a Maya en el hospital porque era un episodio especial. El capitulo dónde Willie, su amigo de toda la vida, le confiesa a Maya su amor desde siempre. Maya queda sorprendida por la declaración de Willie y salen bajo el viento gélido a echarse un trago de pólem. Aletean juntos hasta salir de la pantalla. El sol se pone pleno y sale un letrero que dice Fin. Salí del vientre o me sacaron y enseguida lloré. Todos creen que es porque venir al mundo es triste y bueno eso ayudó también. Además de las nalgadas del doctor y el destierro de la panza de mami. Pero mi verdadera razón era algo más. Algo cómo una abejita que revoloteaba feliz en la tele. Algo cómo el amor. Pensé enseguida que quería mi propia abejita Maya. El programa dejó de emitirse por un tiempo y hace un par de años volvió a las pantallas. Lo presentan en las madrugadas antes de dar paso a los estúpidos programas matinales.
4
En cierta ocasión uno de los pitufos se quejo ante los directores de la serie. Su argumento era demasiado justo. Alegaba por ser el pitufo nada. Todos en el pueblo tenían un atributo especial pero él era un escueto y parco pitufo. No tenía fuerza ni era sagaz. No era bello ni sabía cocinar. Tampoco era lo demasiado torpe ni demasiado viejo. Era un simplón. Uno más. Escenografía que resaltaba las cualidades de los demás pitufos. Su queja no tuvo una repercusión lógica. Le asignaron un papel secundario en la novela del medio día. Extrañamente todos tenemos una destreza especial. Algunos, hoy por hoy, somos los pitufos nada de la vida.
5
Cuando Pinocchio fue convertido en niño de verdad, se convirtió al poco tiempo en hombre. Un hombre común y corriente. Sin arte ni aparte. Conoció el sexo y frecuentaba burdeles. Cuando conoció el amor conoció también el desamor. Fue entonces cuando quiso volver a ser un niño de madera.
6
La bella durmiente jamás despertó. Murió de muerte azul. En sus sueños, era un lobo feroz que devoraba niñas y abuelas.
7
Gertie el dinosaurio no era un dinosaurio macho. Tampoco lo es la fotogénica Nessie. Lo que pocos ignoran es la existencia de un romance lésbico y clandestino que se produce en las yertas aguas del Loch Ness.
8
Krusty el payaso publicita almuerzos en un restaurante de la séptima. Beavis sale con George Clooney y Butt-Head con Vin Diesel, quien lo diría. Pedro Picapiedra se separó de Vilma y la custodia de Pebles está en juego. Shaggy es un adicto a la heroína y ha ido perdiendo cobardía. Scooby Doo reside en la perrera municipal y Droopy tiene un stand up comedy con Andrés López. Don Gato fue arrestado por el agente Matute y Benito Bodoque es el nuevo líder de la banda. Olafo presenta Actitud Positiva en el canal siete y Mafalda perdió la virginidad. Lo curioso es que las caricaturas reflejan con un alto grado de similitud la vida misma. Lo ideal es que alguien pinte sobre nosotros para vernos en los diarios dominicales. En la tele tenemos nuestro propio show al que hábilmente le llaman Noticiero.
domingo
RECETAS CULINARIAS
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Tácticas de metamorfosis
(Nubelosa)
Cierro los ojos y soy nube. Una con forma de sirena y ganas de llover. El viento va y viene. Me mueve de un lado a otro y me cambia la forma. Eso me encanta. Ahora soy un pez bailarina. Y ahora soy una ballena con alas. Poco a poco me he dado cuenta del misterio que entraña el cielo. Es hermoso y da vértigo. La aves vuelan y las estrellas son comestibles. Un haz de aire sopla fuerte y me abre una ventana en la costilla. El sol entra calcinante por ahí y me hace cosquillas. Sonrío. La gente camina incesante allá abajo. Sin tiempo. Ni siquiera elevan la mirada para ver el sublime paraje en el que vivo. Sin embargo, te he visto sabes, he visto cómo me observas. A mi y a los míos. He visto cómo observas el imponente cielo. Me viste ayer y antes de ayer. Y de seguro me verás mañana y pasado. Eres una linda niña y he visto cómo quieres tomarme una foto. Pero sé que tienes tu cámara dañada. Ahora debo marcharme. El sol se está poniendo. Se acaba el atardecer. El cielo pronto será negro y púrpura. Debo viajar. Sueño con tus ojos clavados en mi cuerpo mientras que voy cerrando mi ventana y el viento me va convirtiendo en hermoso pastel de cumpleaños.
I
Ejercicios de mixtura ocasional
Saber que en el mundo ya no existe la novedad, no es ninguna novedad. Ya lo había advertido el bueno de Hume cuando mencionó aquello de los conceptos compuestos. Siendo efectivos, un unicornio es un caballo al que le pusieron los cuernos a medias. No hay nada mágico en que una yegua sea infiel.
Nuestra adicción a las mixturas ha provocado que una tragedia equina se nos enseñe como un paradigma mítico. Del mismo modo, el dragón es una lagartija pirómana (O con acidez estomacal), claustrofóbica y con ínfulas de grandeza; un pegaso es un caballo al que le dieron Red Bull. Y el ratón Mickey es una rata con pantalones Valentino y zapatos de tap.
La unión de constantes, genera elementos que tienen cabida en el folklore universal. Si descomponemos duende, tendríamos: enano, irlandés, avaricia, suerte, sátira, trébol, monedas de oro, etcétera... descripciones que también podrían remitirnos al odioso Jonathan Swift -quien no es un duende-. Incluso la naturaleza puede descomponerse: arcoiris es una mezcla de: cielo, colores, sol y lluvia. Todo cuanto tenemos es el resultado de una o más uniones. Y en esa línea de ideas, nada es tan puro como parece. En París encontrar un francés es mucho más complejo y requiere de más eficacia que encontrar a Wally en un transmilenio. (Obviando claro, el hecho de que Wally pueda ser un francés genuino).
La originalidad ha muerto y las exequias son privadas. Lo cierto es que el proceso creativo se ha convertido en un salón de química experimental. Y convengamos que en el ámbito audiovisual todo es un asunto de influencias. En lo personal, supuse que soy un pijama party al que fueron invitados: Bukowski, Korine y Nicola Di vari. Pero así mismo, podría ser un reality que reúne en una isla desierta al tino Asprilla, Diomedes Díaz, un kilo de coca y a Lady Noriega. Y es que si nos ponemos quisquillosos, los grandes genios han sido sombras o fantasmas de genios más primitivos. Edgar Alan Poe nos regaló un Boudelaire, que a su vez nos concedió un Lawrence y que a su vez engendró un Miller, que a su vez generó un Bukowski y así. En un ejemplo menos ortodoxo y más musical, veremos que Blur nos obsequió a Gorillaz. Pero ojo, esto no quiere decir que el genio magno haya sido el primer hombre existente. No. (Recordemos que el pendejo se dejó engatusar por una mujer). El punto es que, hoy por hoy, la humanidad, desprolija de lógica, ha optado por despreciar la creatividad y darle larga vida al vulgar cliché, que como un asunto rocambolesco, ha sido el enemigo público número uno, de todo tipo de originalidad.
El axioma del científico apuesta por el todo o nada. La mezcla es un asunto de astucia, teoría y práctica. Los años corrigen la moral y la lista de ingredientes es cuestión de intención. Tampoco se trata de hacer mescolanzas raras y sin fundamentos. De nada sirve unir a Heminghway y al pibe Valderrama si no sabemos de por medio que el primero escribió el viejo y el mar, y que en Santa Marta hay mar y que el pibe es samario. De manera que debemos convenir que la escogencia de los ingredientes, es de vital importancia para la ejecución del experimento. Lo que implicaría hacer un riguroso proceso de selección. Y dicha selección sería en últimas, el ápice de pureza que el proceso requiere. Pues el hecho de que yo mismo decida qué incluir y qué obviar, provoca una reacción directa en el producto final. Y en esa línea de ideas, hablaríamos de la intervención del creador (Yo) en la obra, pese a estipular que mis influencias, ya crearon lo creado. En ese sentido, una película escrita bajo los parámetros filosóficos de Kierkegaard, con Tom Jones como banda sonora, el elenco de los 7 samuráis más Jack Nicholson, y la estructura visual del bueno de Bergman, sería una pieza única pese a la mezcla de elementos conocidos y ya usados. Diría un viejo proverbio que la unión hace la fuerza. ¿O acaso no venderías tu alma por ver una porno de los tres chiflados dirigida por Almodóvar?
II
Sniff!
El pedo joven, cuando grande, quiere ser un viejo mierda. Los viejos mierda son bien porque apestan y lo saben. No se andan con cuentos. De hecho, aprovechan su hedor para levantar vivarachas quinceañeras. Las quinceañeras también son bien porque tienen encanto. Pero cuando se les da por ser mamarrachos caprichosos, entonces son mal y no hay nada más mierda que ellas. El buen pedo sabe que para ser un viejo mierda hay que cagarla mucho pero sin convertirse en diarrea. Las revistas y la tele indican que lo ideal sería que el amor no apestara.
III
Tic-Tac
Hubo una vez, en medio de mi pecho, un corazón. Pero tuve que empeñarlo para poder comprarme un Nintendo Wii. Mario Galaxy está genial aunque el señor Bross ignora lo que es vivir sin un corazón. Él vuela y come hongos sin sospechar que me olvidé de amar o que mis arterias tienen tapas de plástico. Mis más profundas fibras sentimentales están en lo más recóndito de una bodega. Cualquier coleccionista de cicatrices querrá comprar mi corazón y ya no habrá marcha atrás. Cuando las luces se apagan, toco la superficie de mi pecho donde una yaga de doce puntadas, me recuerda el tibio aroma de un afable sentimiento, que no logro recordar.
IV
Sensación 0
Soy el resorte izquierdo de la fila seis de un catre de motel. La gente va y viene. La gente hace lo suyo y luego se larga. La gente es sensible y tiene miedos. La gente eyacula y da besos rígidos. La gente gime y luego se viste. La gente prueba posiciones y tiene dolores de espalda. La gente muerde y rasguña. La gente habla y discute. La gente sueña que está con otra gente. La gente duerme y no duerme. La gente paga y se larga. Hubo una pareja que recién se marchó. Él quería dinamita mientras que ella le pedía al cielo que su primera vez no fuera como la de la demás gente.
V
Pfff!
(Bill Murray es una ardilla nauseabunda)
Sólo una o dos veces, he dormido sin cerrar los párpados. Y mis sueños fueron muy reales. Como si los estuviera viendo en la tele o a través de una ventana de vidrio. Soñé que el cielo raso de mi alcoba me tragaba. Y me masticaba con tan implacable ánimo que me enviaba a una terraza en las nubes, donde el viento movía la ropa y la ropa movía las cuerdas. Yo huía. No sé de qué ni de quien. Sólo sé que huía. Mis bolsillos estaban llenos de balas. Fusil-Galil 757. Pero yo no tenía ganas de disparar. Mi espíritu estaba débil. Lento. Lejano. Seguía huyendo. No tenía más opción que escapar corriendo por los cables de la luz. (En las nubes también hay sistema eléctrico) Y yo quería convertirme en luciérnaga. O en amigo del sol. Pero no pasó. Jamás pasó. Sólo llegué a otra terraza sin cuerdas ni ropa. Donde un bicho fofo me esperaba despiadado. Revisé mis bolsillos y las balas se habían ido. Habían huido de mí. (¿Pero quién no huiría de mí?) Busqué más adentro y encontré un pedazo de alma. Mi alma. Seguí esculcando y encontré dudas y temores. También arterias y un par de sucios pulmones. El bicho, que resultaba ser un ente humano similar al amor, no tenía de otra que atacarme. Y me golpeaba con tan soberbia fuerza que rompía las nubes con cada una de mis caídas. Y como en una película de Jarmusch, hubo un letargo y también Bill Murray. Lo ideal era que fuese Johansson desnuda pero a lo mejor ella estaba ocupada en otros sueños. De todos modos, Murray me obsequiaba un puñal y luego se convertía en una ardilla nauseabunda y se largaba volando. Yo no tenía más opción que apuñalar a aquel bicho. Hundirle el filo y rasgarle las tripas con la punta de metal. Mis ganas parecían demenciales. Dignas de un psicópata. Y Entonces, cuando el bicho moría, una implacable sensación de viseras inundaba la nube. Mi estómago estaba sangrando y tenía puñaladas en todo el cuerpo. Mi ser estaba herido. Había matado el amor y eso dolía. Giré la mirada y el bicho había desaparecido. El único bicho de la nube era yo. Y estaba muriendo. Un malestar absorbió mi cuerpo y me sumergí en un vértigo letal. Comencé a cerrar los párpados mientras amargamente descubría que nada había sido un sueño.
VI
Reset my Nintendo
Soy un corazón expuesto en una vitrina de compraventa y la gente pasa frente mío con aires de vacío. Me observan, me cotizan y se arrepienten de comprarme al último minuto. La vida acá es triste. Solitaria. Ayer conocí a un marcapasos que sueña con ser motor de licuadora. Juntos hemos decidido escapar de este lugar. Diseñamos un plan infalible y esperamos a por el momento preciso para emprender la huida. Pero poco antes de dar el salto y salir victoriosos, una mujer con ojos rojos, entra al lugar y decide comprarme. Paga inclemente y me pone en una bolsa. Me pregunto si en casa, tendrá lugar para un corazón con alma de Nintendo Wii.
Modesta proposición para que Dios sea justo
Música de TAMIR MUSKAT...
A papá le cabrea pensar que soy un vago. Lo sé. Y de seguro él sabe que lo sé. Pero no decimos nada porque vemos las piernas de Sharápova en la tele. Así es mejor. O quizás no. Eso ninguno de los dos lo sabe. Preferimos seguir viendo a la hermosa tenista rusa. A mi lo que me cabrea, es pensar que el idiota de van Nistelrooy está cortejando esas lindas piernas. Me cabrea pensar que ella tiene mi edad y que me lleva más de quince centímetros de estatura. Pero sin duda lo que más me cabrea es que Nistelrooy sea pésimo y carente de estilo y que los ojos verde menta de Sharápova lo vean a él y no a mí. Eso sólo acrecienta mi odio por DIOS. Por sus injusticias. ¿Por qué culos unos tenemos un acné cosa seria y otros (cómo Nistelrooy) pueden medirle el aceite a Sharápova? Sencillamente no es justo. No es nada justo.
Eric David habla con un productor adinerado
_ Pues es así de simple. No entiendo un carajo - respondió el gordo odioso, mientras charlábamos de cine en Café Pasaje. Obvio, el pidió una Club Colombia helada y yo un mísero café que traía azúcar en cubos.
_ Está bien. Te lo repetiré una vez más, pero, Bill, presta mucha atención, ¿quieres?...
_ Está bien Eric – dijo y sacó un cigarro. Un Marlboro rojo creo.
_ Se trata de un fulano…
_ Empezamos mal.
_ DEJA DE JODERME EL CULO BILL!
_ Esta bien, Eric, esta bien.
Se me estamparon un par de venas gruesas en la frente. De veras que este gordo me jode el culo. Me cabrea. Entiendo que sea un productor adinerado. Pero que deje de joderme. Creo tener una historia fantástica. Digna de un cannes, o una mierda de esas, y este cerdo fofo me quiere joder. Le encuentra cientos de líos a cada cosa y dice no tener dinero suficiente. Me irrita cuando me dice deja de hacerte el artista. Ó cuando dice cielos, ¿y cuanto me costará eso? Cómo es posible que alguien que sorbe cerveza de casta y que se limpia el hocico con el revés de mancornas, le haya producido películas a Korine y a Jarmusch. Eso me pone de malas. Me pregunto como diablos lidiaron con Porky.
_... se trata de un tipo acusado de abuso sexual a una chica fatal. La más fatal de todas. El lío es que la chica sabe parecer virginal ante el mundo…
_ Si, conozco esas chicas.
_… pero el verdadero lío es que el tipo es vigilado todo el tiempo por agentes de una organización letal. Una mezcla de Alcohólicos Anónimos y FBI.
_ ¿Cómo?... ¿Borrachines con armas?
_ No. Más bien algo como agentes en grupos de autoayuda... algo más humanoide...
_ ¿Y porqué le vigilan?
_ Simple. Una minúscula gota de semen de el sujeto y estará en serios líos. Se le podría probar de inmediato la estrujada a la chica fatal. Estaría en breve tras las rejas y minutos después muerto por la silla eléctrica o una horca.
_ Diablos, ¿acaso quien es la chica fatal?
_ Eso aun no lo decido, pero podría ser la hija de algún alcalde o líder político. Quizás la hija perdida de alguno de los Kennedy.
_ Tienes cojones Eric.
_ Sí que los tengo Bill.
_ Bueno, pero qué tiene de genial la historia?
_ ¿Bromeas?, ¿Te imaginas no poder hundirle los pelos a alguien porque te están vigilando?, recuerda, una gota, una sola gota de semen metería en aprietos al tipo.
_ Bueno, puede hacerse una paja en el baño, mientras se ducha digamos…
_ No, no puede. Estos agentes son muy listos. Podrían encontrar rastros de semen en el sifón o en la misma pared aun después de limpios. Tienen aparatos de última tecnología.
_ Eso si es estar mal, Eric.
_ Además… incluiremos una tropa de chicas fatales que se inmiscuirán en la vida del tipo de manera casual. Chicas de puta madre que no te imaginas, queriendo que les den por el culo, que las follen. Chicas que lo darían por un cigarro. De tetas abultadas y culos endemoniados. No sé. La tipa de la esquina, la vecina, una rubia que conoce en un bar de mala muerte. Todas quieren joderlo y el pobre no puede. Vamos Bill, ¿Tienes idea de la dimensión de este problema? Es una cosa muy seria.
_ Diablos, no lo había pensado, tienes razón Eric. Es un lío cosa bárbara – dice y se vuelve a sonar los mocos con la manga de su vestido europeo – y dime, ¿cual es el maldito final?
_ Bueno, he pensado mucho en el y decidí que sería apropiado que una chica de esas fatales le tendiera una trampa mortal donde una arrechera envié al sujeto al otro mundo.
_ ¿Y porque el tipo habría de confiar en alguna chica? Es de locos hacerlo.
_ La chica sería una astuta agente de la organización. Oculta. Infiltrada. Una chica con ínfulas de puta bellísima. Se haría pasar por algo cómo la única amiga o alguna mierda sentimentaloide. Algo que le dé confianza al sujeto para amarla. Sin embargo, cuando parece que todo esta arreglado la chica le hace un strip tease al tipo y mierda. Lo jode.
_ Diablos. Pero la chica y el tipo tienen su polvo?
_ Es probable – dije – ¿tú lo harías Bill?
_ No. Es de locos - dice - pero… ¿hablas de una chica fatal no?
_ Así es.
_ ¿Más o menos como quien?
_ ¿Te dice algo el nombre de: María Sharápova?
_ Mierda Eric. No seas cabrón. Una belleza!!!
_ ¿Qué opinas?
_ Venga Eric. Sólo tengo unos apuntes.
_ Adelante – dije y agarré un Marlboro rojo de su caja.
_ Debo decirte que tengo una jodida condición – ahí iba de nuevo su fofa cháchara sobre lo que quiere ver el público. Me pide sangre, bala y droga. Sexo moderado y de seguro querrá que haga tomas en una grúa de mierda. Me cabrea. Es enfermizo. Ese tipo de sandeces hacen que el cine se muera ahogado con su propio vómito. Es una muerte lenta y prematura. Si le pusieran condiciones a von Trier el tipo estaría frito. Más jodido que una yuca en una ancheta navideña. Y viene este gordo feo a dictarme condiciones. ¿Qué viene después?, ¿Prohibición de Kirzanoff y Cebollas Paranoicas en el mundo? Carajo.
_ es algo simple Eric, debes incluir en el reparto a KEVIN STUART. Ya sabes, todo el mundo lo adora, es la sensación. Está en su momento.
_ ¿Quien?
_ KEVIN STUART.
_ ¿Quien demonios es ese? – digo y apago el cigarro.
_ Diablos, Eric debes ver más tele barata. Es un chico dotado de un talento fascinante. Es el jodido sucesor de Charly en la novela del medio día. El chico es genial. Es el apropiado para que sea tu protagónico.
_ Carajo, estaba pensando en Vinz para ese papel.
_ Vinz?
_ Si. Vinz.
_ Qué Vinz?
_ Vincent Cassel.
_ Carajo ¿estás loco? Este chico Stuart es una cosa de locos. Debes verlo. Quizás es mejor que ese Cassel.
_ NO ME JODAS MAS GORDO MAMON! COMO CULOS COMPARAS A KEVIN STUART CON VINZ!!!
_Bueno no te jodas solo Eric. Recuerda quien es el del dinero.
Mis sienes palpitaban envenenadas. Estaba molesto. Muy molesto. Estaba tan furioso que firmé el contrato enseguida. Lo firmé pero con rabia. Pensé en hacerle perder su pinche inversión. Pensé en hacer la peli más fiasco del mundo. Arruinaría mi carrera cómo cineasta pero valía la pena. Dago García sería genial junto a mí. Un amago de Woody Allen.
Estrechamos las manos con fuerza. Su mirada era ambiciosa. La mía estaba llena de odio. Salimos. Se montó en su auto lujoso. Un pingüino le abrió la puerta y le dijo señor. Yo tenía que caminar cuadras para llegar a la 19 y largarme en bus. El idiota espero un rato y bajó la ventana. Fumaba con perfecto aire de malo.
_ Oh, lo olvidaba, una cosa más… - si menciona algo de modificar la historia se acaba. Me cago en el cine. Continúo con mi vida de fontanero. El maldito sonríe con malicia y resurge.
–… cuenta con Sharápova. Es una amiga de la casa. A fin de cuentas, eres un artista…y a propósito, cuanto crees que me costará esto?
LOOKING FOR THE OTHER SIDE
Estoy viendo porno en la computadora y de repente aparece el rostro de Jesús en la pata de la mesa. Se trata de una raída y sucia mesa de madera en donde tengo libros de Kirzanoff, latas de cerveza y papel higiénico de hoja sencilla para los mocos. También hay un gato vagabundo que se llama Depardieu y una lamparita de lava.
Supuse que lo más adecuado era no armar un escándalo milagroso. Se trataba de Jesús no del tino Asprilla. En todo caso, sus ojos marrones me miraban con potencia y oquedad. Me hacían sentir un bicho fofo y feo en mi propia casa. Sin embargo, no podía quitar mi vista del rostro. Era todo un suceso. Digno de algún premio. Imaginé amas de casa mayores pagando cantidades absurdas de dinero por dejarles ver a Jesús. Imaginé tapar mis goteras y pagar mis deudas. Pero el jodido rostro no me permitía actuar. Llevaba tres días observándolo y cada vez parecía ser más Jesús que una simple mesa. Cuando perdía el aspecto me concentraba un poco y lo recuperaba. Incluso Depardieu estuvo de acuerdo. Y ya sabemos que las cosas entre gatos y humanos son una cosa muy seria.
No sé porque lo hice pero al cuarto día encendí una vela con la imagen de la virgen María frente al rostro. Recé en silencio y con cuidada pasión. Pedí miles de cosas. Una mujer con férreas tetas, un Ferrari testarrossa y una verga más adecuada. Más propia de mis carnales deseos. A la mañana siguiente desperté y no había ni chica con grandes tetas ni auto lujoso. Sin embargo, al despojarme de las cobijas, noté con creciente alegría que tenía 16 centímetros más de visaje. Tenía una ostentosa pija de gigantes proporciones. Era un fulano dotado de un majestuoso mango de casi 30 centímetros. Pensé de inmediato que tenerlo grande me ayudaría a conseguir a la rubia tetona y de seguro ella compraría el Ferrari en cuanto me viera sin pantalones. Fui hasta la mesa para agradecer el favor al rostro de Jesús. Compré una vela más costosa y con dos vírgenes marías estampadas. Pero Jesús se había marchado dejando una sucia mancha en la pata. Se largó sin decir nada. Depardieu estaba afligido. Quizás Jesús no cumplió sus caprichos. Total, nada. Encendí la computadora y probé mi nueva ametralladora. El resultado fue mucho satisfactorio. El gato cambió de afligido a disecado por impresión.
Conocí a Margareth Lucia en la fila del cinema. De primera vista me fijé en su pelo rojo, en sus botas rojas para el agua y en sus endemoniados ojos azules. Sin embargo al detallarla con calma, noté unas tetas pequeñas y bastantes pecas en la cara. Hacíamos fila para ver un western austriaco. Aproveché y pregunté a Margareth información del director. Una voz suave y segura me dijo que se trataba de un tal Eric David. Me acobijo un silencio que duró seis minutos y medio. Resurgí con un viejo chiste de negros que Margareth respondió sabiamente con: “me lo sabia pero con pastusos”.
Entramos a ver la película y me encantó. La maestría con la que Eric David pone en escena sangre, sexo, Cowboys en smoking y valses cómo banda sonora es increíble. Irreprochable. Pero a Margareth no pareció gustarle. De hecho insultó el trabajo suspicaz del grosero Eric David.
Salimos del cinema y bebimos unas copas en un bar cercano. Hablamos de música, de lo caros que están los champúes para alfombras y de cine. Margareth se empeñaba en ser mi chica perfecta. Su habilidad para destruir mis conceptos eran dignos de un riña política. Sus ojos parecían tímidos pero la mirada era agresiva. Salvaje. Vertiginosa. Su boca se me hizo muy sensual. Sobre todo cuando pronunciaba las palabras estúpido o estupidez. Cuando se quitó su chaqueta dejó al aire unas diminutas tetas desprolijas de sostén. Se me puso duro y la invité a casa. Aceptó y se puso la chaqueta de nuevo.
En el camino, nos detuvimos por una botella de vino y un paquete de Lucky Strike. Llegamos a casa y enseguida pidió el baño. Yo, puse una vela estampada con dos vírgenes María en la sala y saqué dos copas. Puse el ambiente a tono. Una mezcla de kitsh y trash. También puse a Cebollas Paranoicas en el estéreo.
Charlamos por acaloradas seis horas. Descubrí que no podría comprarme un Ferrari pero quizás sí un Citröen C4. Total, nada. Hacía las tres de la madrugada, amenazó con irse. Le leí unas frases románticas de Kirzanoff y le ofrecí una pijama encantadora. Después la besé.
Su lengua era inquieta y hábil. Húmeda y suave. Muy suave. Me adentré en sus profundidades. Retozamos en el sofá. Quité su camisa y agarré con salvaje ánimo esas tetas pequeñas. Eran realmente pequeñas y a luz de vela noté pecas también. Sin embargo tenían una dimensión especial. Eran dulces. Y con el tamaño y color perfecto en los pezones. Margareth estaba a cien. Yo a doscientos o trescientos. No recuerdo bien. Bajé mis manos a su sexo. Me detuvo un rato y después cedió. Cómo al sexto intento. Abrí sus pantalones. Sus calzones eran dignos de una pasarela en Milán. Húmedos. Serios. Explosivos. Escribí mi nombre en su entrepierna. Le dije dos frases más de Kirzanoff en el oído, susurradas. Temí gemidos. Total, nada. Saqué mi gran mango. 30 centímetros a mis anchas. Tieso. Púrpura. Arranqué los pantalones de Margareth con fuerza. Estaba listo para hundirle el alma y ella agarró mi miembro.
_ Grande, eh? – dije.
_ No vas a meterme esa condenada mierda!- Respondió ella.
_ PORQUÉ NO?
_ Es una cosa gigante. Me arruinarías la vagina!
_ PERO DE QUE CULO HABLAS, NO ES ACASO UNA POLLA GENIAL?
_ Claro que no. Es estúpida – dijo.
Amenazó con irse de nuevo. Esta vez no habría nada que la detuviera. Temí lo peor. Estuvimos quietos y mudos por seis minutos y medio. La miré fijo a esos fieros ojos azules. Pensé que su amor era negro. Pero resurgió diciendo: se tierno quieres… tuve la misma emoción que cuando aceptan la visa para viajar. Me repuse en breve y ataque incesante. Sus ojos permanecieron azules.
Después de una sacudida llena de indicaciones técnicas y minúsculos gemidos, terminé, casi agonizante dentro de su vientre. Era una chica ruda. De agudos sentimientos. Se puso la pijama y fuimos a dormir.
A la mañana siguiente desperté con una panorámica de pelo rojo bellísima. Me estaba enamorando de esta chica. Y todos sabemos que entre hombres y mujeres la cosa es muy seria. Preparé el desayuno y fuimos felices. Éramos dos viendo tele matutina. En la cama. Con el sol entrando por la apertura de las persianas. Hacía el medio día decidió arreglarse y se marchó. Hubo un beso final en la boca y dos polvos más. Después, me dijo adiós.
A las dos semanas. Estaba en casa. En la computadora. Un tipo con corbata y acné cosa feísima toco a la puerta. Temí lo peor. El tipo mencionó que Margareth me había denunciado por herirle la vagina con mi enorme pene. Lo pensé un poco. Y pensé que era una broma. El tipo me dejó un papel que tenía una fecha. Debía asistir –con corbata- al dichoso juzgado. También me recomendó una abogada de piernas fatales que no era una maldita broma.
Llamé de inmediato a la abogada. Una voz cortante y musical me habló del otro lado. Le conté de lo mío y nos pusimos cita en un lugar. Llegué a tiempo y bebí un café. Llevaba corbata de rayas y también fumé un Lucky. Al rato llegaron esas largas piernas. Sus tetas dejaban mucho que desear pero tenía un culo fantástico. También tenía una sonrisa agradable. Hablamos de lo mío y parecía divertida. Después de un largo sorbo de café me dijo que debía verme el miembro antes de interceder. Le eché un ojo a esas piernas ambarinas y le dije que estaba de acuerdo.
Creí que iba a sorprenderla con mi gran pene. Entramos al baño. Se sentó en el inodoro y encendió un cigarro. Cruzó las piernas y se me puso duro cómo un crayón. Alcancé a verle el sexo. Me bajé los pantalones y observó con normalidad mi cosa. Incluso mencionó que no era gran cosa. Que Margareth estaba exagerando. Me dolió su decepción. Si mis 30 centímetros no la intimidaban entonces era una chica muy ruda. Le sugerí que debíamos probar mejor mi herramienta. Qué quizás un polvo funcionaría. Sonrío un poco y dijo no. Insistí. Total, nada.
Llegó la fecha. Margareth parecía muy elegante. Fingió no mirarme durante toda la sesión. Mientras tanto la abogada permanecía fría y con piernas tremendas. El juez hablaba de una cantidad de mierdas nimias y vacías. El abogado de Margareth delataba su envidia por mi tremendo pene. Le parecía sobrehumano 30 centímetros. Sin embargo, la abogada me sacó en fianza, alegando cuestión de gustos. Que por ejemplo a ella le parecía una verga convencional. Su mirada pretenciosa y su descomunal desinterés en mi, provocaba ansías y deseos. Deseaba hundirla y lastimarla. Para festejar, fuimos a mi casa. Saqué copas, vino y la vela. Cebollas Paranoicas continuaba en el ambiente. Después de leerle versos y de ofrecerle pijama nos besamos. Agarré sus tetas erradas. Su genial trasero. Lamí su cerebro. Le agarré el sexo por horas. Finalmente lo hundí. No gimió nada. No emitió sonido. Fue tétrico y visceral. Extasiante para mí. Ella, se fue de inmediato. Llamó un taxi y me fui a dormir.
A las dos semanas, volvió el tipo de corbata. Me dije carajo. Me dio de nuevo un papel. Aseguró que mi abogada me había demandado por insatisfacerla sexualmente. Me dije mierda y me puse una puta corbata.
Llevo algunos días en prisión. Debo cumplir otros más. En las duchas soy un centro de atracción. Los demás presos observan en demasía y con especial admiración mi gigante miembro. Incluso he recibido ofertas para ser masturbado. Total, nada. Prefiero putear al cielo por mi suerte. Jesús no se ha aparecido por ningún lado. Le he llamado al celular un par de veces pero nada. Correo de voz. Si logro hablar con él, le diré que le cambio 30 centímetros por un Ferrari o una tetona. En cualquier caso eso sería un milagro. Y ya sabemos que los milagros no existen.
